El Cuento de las Niñas
- Ponte por la izquierda, ¡no, por debajo de mi brazo!
Paso bajo su brazo e introduzco después la cabeza entre las piernas de Carmina. Mª Angeles se dobla encima de mí y agarra con dificultades los hombros de Montserrat. Begoña se desliza a continuación por el suelo hasta tocar los pies de Mª Teresa. En un par de minutos estamos listas para darle la sorpresa a nuestra señorita Inmaculada.
- ¡Cuidado, silencio!
En cuanto vemos que se abre la puerta, ya preparadas desde hace un rato, guardamos mutismo total, simulando habernos transformado en un conjunto escultórico labrado en piedra. Aunque nuestras posiciones son a cual más forzada, nadie mueve un dedo.
Inmaculada entra y sonríe al vernos, está acostumbrada a estos juegos. Al desenredarnos, caemos todas al suelo.
- ¡Eh, ven aquí! ¡Sí, tú! ¿Cómo te llamas?
- Mª José.
- ¿Conoces a mi hermanita?
- Es Pilar, ¿verdad?
- ¿Por qué no vas a buscarla?
- Ahora no podrá venir, está en clase, le toca recoger.
A las de sexto a veces les da por jugar con las pequeñas, cuando se aburren de hablar de los chicos se acuerdan de nosotras. Se entretienen un rato riendo con nuestras cosas.
- Señorita, ¿verdad que su marido es cura?
- ¿De dónde lo has sacado?
Le digo que se lo he oído comentar a mi hermana. La señorita me explica entonces que su marido fue cura un tiempo, que luego dejó de serlo, y que cuando se casaron ya no era cura. La señorita Inmaculada tiene los ojos azules, una rubia media melena y es joven, además de muy guapa.
A veces me quedo un rato con ella en la clase y le ayudo a hacer un collar de esas bolitas tan diminutas que sólo pueden entrar en el hilo con una aguja porque si no se te escapan de los dedos. Permanezco así sentada mientras ella corrige algunos ejercicios y las niñas empiezan a irse hacia sus casas.
- ¡Mª José, a la cama, no quiero repetírtelo más veces!
De todos modos mi madre no lo sabe, imagina que al cabo de cinco minutos estaré durmiendo, y mientras yo podré seguir viendo la película, a través de la puerta entreabierta, instalada en un extremo de la cama. Pero acaba ganando ella, porque pasados diez minutos me canso de esta postura tan incómoda y el sueño me vence.
- ¿Quieres venir a mi casa mañana por la tarde?
Esta proposición me hace tan feliz como la promesa de un regalo desconocido.
Aparcamos su coche en el garaje. La acompaño a comprar algunas cosas. Tomamos un refresco.
La señorita Inmaculada ve en unos apartamentos nuevos, con fachada de ladrillo, que tienen unas terrazas muy grandes. El piso huele a madera recién barnizada.
Dice si quiero quedarme a pasar la noche con ella.
-Mi marido está de viaje y me harás compañía.
Me quito apresurada la ropa y me acuesto en su cama de matrimonio. Al rato llega ella. He visto que tienen habitación de invitados. Medio enfadada por no haberlo yo hecho ya antes, me pide que le regale algún cuadro para su casa.
- Felices sueños.
- Buenas noches, señorita...
- ¿A quién quieres más, a la señorita Inmaculada o a mí?
Me agarra los hombros con fuerza. No sé de dónde ha sacado la información y me interroga algo desesperada. ¿Cómo podré decirle que nunca querré a nadie más que a ella? Mi respuesta es sincera.
- A la señorita Inmaculada.
Por esta nueva señorita de tercero sólo siento pena. Qué fea y qué sosa y qué todo. ¡Qué corte le he dado a la pobre! Si además quería hacerme escribir con la derecha.
Por las noches, antes de dormir, ya no quiero mirar la tele desde la cama. Me acuerdo de hace un año, cuando me llevaba a su casa y dormía con ella. Cada noche la veo. No sé nada de ella. Sueño que me la encuentro y que me invita a dormir a su lado.
El sueño se queda ahí, y vuelvo a empezar.
- Papá, ¿me das un duro?
En las sobremesas de los domingos mi padre se toma un largo coñac y disfruta del reposo hasta la media tarde. Fuma su puro, y cuando se cansa de no hacer nada conecta el televisor.
- Papá, dame un duro.
Estos ratos son oportunos para hacerse con alguna moneda.
Papá me da un duro y con los bolsillos llenos me acerco al puestecillo que hay situado en la plaza de la estación. Sus dueños son un matrimonio de viejos. Ella representa estar más pachucha porque es ciega, con esos ojos alelados que tienen los ciegos, blancos e idos, y porque casi todas sus greñas son canosas. El es un buen hombre. Muchas veces está allí solo.
- ¿Me da una bolsa de duro de pipas saladas?
- La cojo, o la coge, y le doy las cinco pesetas. Algunas tardes paso por aquí a comprar dulces antes de ir a clase. Tengo que hacer entonces un recorrido distinto para llegar al colegio.
- Yo soy la cantante y tú el presentador, ¿eh?
- Pues me pongo el batín de tu padre... ¡y hazme una pajarita!
Montse se llena de pañuelos y demás trapitos que ha ido encontrando y se dispone a realizar su gran actuación en la cocina. Canta y baila. Sus movimientos son algo torpes porque no puede sostenerse firme sobre un calzado del 38 con tacones de palmo y medio. Aplaudimos. Le agarro el micrófono para presentar el concurso del día. Como invitado especial tenemos al peque, nos toca cuidarle hasta que regresen los padres de Montse, abran la puerta del piso y podamos salir a dar un garbeo.
Mi madre me dice a veces:
- ¿Cómo la dejan encerrada dentro de casa?¿Y si ocurre algo y no puede salir?
- Tú entretienes al viejo por la puerta lateral. Como ella es ciega no hay problema.
Judith se acerca a preguntarle cualquier cosa al hombre y, mientras, aprovechamos para llenar nuestras bolsas. ¿Se dará cuenta de lo que estamos haciendo? Ya está, vamos, probrecillos. ¡Llegamos tarde al cole!
- Voltereta lateral con una mano. ¡Raimat, es tu turno!
Llaman a la puerta.
- Disculpe, señorita Mª José, un señor ha venido a verla.
Hago salir de la clase a mis diez alumnas y al momento entra Spiderman por el balcón, de vez en cuando viene a verme. Otras veces es El Hombre Enmascarado. Según el día escojo a uno u otro.
- ¿Me puede dar una Fanta de naranja?
- ¿Tienes las treinta pesetas?
- Sí, mire.
En nuestros ratos libres compramos bebidas en el bar de al lado del colegio y nos las llevamos de ronda por las aceras.
- O pagas el envase o me lo devuelves en seguida.
Paseamos un rato, nos sentamos en algún escalón, miramos los zapatos que caminan.
- ¿Cómo nos sentiremos cuando seamos mayores?
- No lo sé. ¿Crees que lo notaremos?
- ¿Qué hora es?
- Las dos.
- ¿Qué...? ¿Las dos? ¡Que cierran la verja!
Voy a toda prisa para llegar a tiempo, y ya está cerrada. ¡Maldita! Tendré que atravesar el edificio por dentro para salir a la calle, las monjas estarán comiendo y sólo permanecen de guardia las más severas. La portera es malísima.
Ocurría otras veces, me quedo en el patio hasta el último momento y luego he de correr. Pero nunca había llegado a encontrarme la verja cerrada.
El corazón se me acelera a medida que me aproximo a la puerta que comunica con el pasillo. Intento abrirla, no puedo, algo hay que ejerce de impedimento desde el otro lado. Empujo con más fuerza, la resistencia es cada vez mayor. Al fin cede. Dentro sorprendo a una monja que me observa enojada. Interrogatorio:
- ¿Qué haces aquí?
He de contarle que me han cerrado la verja.
- ¡Estas no son horas para andar por el colegio!
Temo que vayamos ante la directora y oigo cómo me cuenta que mi hermana fue una gran alumna suya.
- Porque tú eres Mª José, la hermana de Lurdes, ¿no es cierto?
Pregunta acerca de su vida. Dice también que dé recuerdos a mi madre.
- ¡Hola!
- ¿Qué tal?
- ¿Tenéis caramelos?
- Sí.
- Dame a mí.
- Pues un señor me los ha dado en la entrada.
- ¿Le conocías?
- No.
- ¿Te los ha dado un desconocido?
- Sí.
- Eh, ¿qué ha pasado?
- Nada, que me he encontrado un señor en la entrada y me ha dado caramelos.
- ¿Y no te ha dicho nada?
- Pues si los quería.
- ¿Sigue ahí?
- Ya no está, se fue.
- No os los comáis, pueden ser malos.
- ¿Alguien se los ha comido?
- ¡Mira, éste tiene dos puntos negros!
- ¡El mío también!
- No pasa nada, puede ser defecto de fabricación.
- ¡Están drogados, seguro!
- Ten, guárdalos.
- ¡No, sin son venenosos que los tire a la basura!
- Josi, yo me llamaré Mónica.
- Pues yo Carol.
- ¿De Carolina?
- ¡No, de Carol!
- Y seremos hermanas, ¿sí, Carol?
- ¡Hermanas gemelas!
- Mónica, yo no tengo dinero para hacerle un regalo a Raimat.
- La merienda es esta tarde, Carol.
- ¡Ya sé! Le llevaré el último libro de la cole que me regala mi hermana, está nuevo y es muy bonito, no tiene por qué saber que es mío.
Por la tarde, tras las clases, llegamos a casa de Raimat cuando ya están todas merendando en la cocina. Nos zampamos lo nuestro.
Mónica juega debajo de la mesa. Yo la imito. Estiramos el mantel, hacemos cosquillas a las otras niñas, les escondemos los zapatos... Después, en la calle, jugamos a perdernos. Durante un par de horas paseamos sin rumbo.
Por la noche me invita a dormir a su casa para no tener que separarnos. Somos casi vecinas, igual que con Montserrat. Además, ella también tiene siete hermanos, como yo. Toda la noche por delante para saltar de una litera a otra y tirarnos los cojines, revolver armarios y acostarnos juntas para estar más cerca y tener el mismo sueño.
- ¿De dónde sacas las chapitas?
- Del bar de al lado del cole.
- Vaya rollo de trabajito. Oye, ¿y cuánto valen?
- Nada, si se tiran, lo que pasa es que ese señor las amontona en un cesto, ¡la de chapas que se juntan cada día!
- Mª José, ¿sabes que el señor de las pipas de la estación se parece mucho al del bar?
- ¿De qué señor hablas?
- Del que tiene el puesto de pipas.
- ¿Dónde?
- En la plaza de la estación de trenes, aquel viejo que su mujer es ciega, ¿no te acuerdas? Les hemos pispado cosas alguna vez.
- Ah, sí... Y, ¿qué pasa con el viejo?
- Que se parece mucho al otro del bar.
- Anda, vete a contarlo a otra parte.
- ¡Qué sí, que me he fijado, que yo le veo a menudo!
- Bueno, será porque todos los viejos son iguales.
- No podré volver a venir, querida.
- ¿De veras? ¿Por qué?
- Sabes que eres mi reina absoluta, y que eres la reina de todos los seres de este planeta, aunque lo mantengas tan en secreto. Por ello acabarás debiéndote a un rey, y no a un miserable héroe como yo.
- Pero, Spíderman, ¿no volverás en mucho tiempo?
- Acabaré casándome con Wendy, he de aceptarlo. Hace mucho tiempo que lo sé y ya es hora de que me vaya haciendo a la idea.
- Puede que tengas razón... Entonces, como despedida, vendrás hoy a mis aposentos.
- ¿Qué pasa, eh? ¿Qué pasa con tanto revuelo?
- No sé, algo le han hecho a Judith.
- ¿Qué le ha pasado?
- ¡Yo qué sé, pregúntaselo a ella!
Judith está en su sitio llorando, y toda la clase pendiente de ella.
- Judith, ¿qué te ha ocurrido?
- ¡Nada, déjame!
- Le hizo algo el del bar, pero no lo vayas diciendo. Y ahora calla que está aquí la señorita.
- ¿Me da una bolsa de pipas saladas y otra de almendras garrapiñadas?
- Ten, nena.
¿Seguro que este señor es el mismo que el otro...? ¿Cómo puede estar en dos sitios? Tendría que ir corriendo ahora al bar. He de averiguarlo.
- ¡Mónica, hola!
- Ya no soy Mónica, no te ajunto.
- ¿Por qué, qué te he hecho?
- Carmina dice que por tu culpa nos hemos separado, y que yo era una buena amiga hasta que tú me llevaste a hacer gamberradas, como en el cumpleaños de Raimat. Dice que eres mala.
- ¡Pero si eras tú quien se metía debajo de la mesa!
- Raimat le ha dicho a Carmina que todo es por culpa tuya, y que si vuelvo con Carmina ella también será mi amiga.
O sea que si Carmina estaba enfadada con Mª Teresa, Montse también debe estarlo conmigo. ¡Y el sábado es su santo!
- ¿Tendría chapitas de refrescos para darme?
- Claro que sí, ven conmigo, ahora te las doy.
Me conduce a través de un pasillo hasta que nos acercamos a la cocina. Espero un rato.
Noto una mano adentrándose por debajo de mi uniforme. Unos dedos se meten en mi braguita azul marino. Noto que se detienen. Veo un trocito de brazo peludo y arremangado y mi falda medio levantada, más esa mano extraña tocándome. Totalmente pasmada ante algo que desconozco, me pongo a correr sin parar, sin chapitas, hasta llegar a la clase.
Sé lo que le había pasado a Judith con el señor del bar.
- Poner los pupitres en grupos de cinco.
- ¿Qué vamos a hacer, señorita?
- Una cosa muy divertida. Tendréis que escribir un cuento al revés. Veamos, me explicaré para que me entendáis bien. Tenéis que ir formulando preguntas para que a través de las respuestas surja después el cuento, ¿lo habéis comprendido?
La verdad es que a medias, pero ya se ha armado el gran revuelo de sillas y mesas, hasta que al cabo de muchísimo rato y estruendo conseguimos situarnos según nuestras preferencias. Siempre quedan algunas rezagadas.
- Encarna, siéntate en el grupo de Sacramento y compañía.
Y aparecen las consiguientes risitas.
- ¡No...!
- ¡No podremos respirar!
Encarna se sienta con nosotras. Automáticamente nos distanciamos un poco del lugar que ha ocupado, lo justo para no llamar la atención de la señorita.
- Comienzo yo: ¿de dónde proviene el mal olor?
- ¡Sí, es inaguantable!
- ¡Ahora yo! ¿Quién usa una colonia tan barata?
Encarnita nos mira sin poder decir nada, aguantándose las ganas de llorar. Tiene un pelo muy rubio parecido al estropajo, y es bastante morena de piel.
- ¿Por casualidad alguien de aquí duerme con el uniforme puesto?
- ¡Qué pestazo a caca!
Encarnita no lo soportará por mucho tiempo, seguro que acabará llorando.
- Ese es el coche de la señorita Inmaculada, ¿verdad, Mª José?
- Sí, es ése. Un Seat 124 azul marino, como el de mi padre. El nuestro es verde, y desde casa sabemos cuando está llegando por el ruido del motor.
- El otro día invitó a una niña a comer a su casa.
- ¿Cómo lo sabes?
- Mi hermana va a su clase. Ella también quiere ir, dicen que tiene una casa muy chula. ¿No te llevó a ti el año pasado?
- ¿Se puede poner Mª Teresa?
- No está ahora en casa, ¿quieres que le diga algo?
- Es que tenemos examen el lunes y quería pedirle un libro que le dejé.
- Se lo puedo decir cuando regrese, y que te lo devuelva esta tarde. Vienes a la merienda, ¿no?
- ¿Qué merienda?
- La de su cumpleaños, ¿no te ha invitado?
- No lo sabía.
- Se le habrá pasado, qué raro. Ya te invito yo, ¿estarás aquí a las cinco?
- ¿No se enfadará Mª Teresa?
- Hace dos días erais inseparables y ahora no sabes si se enfadará, ¿qué no sois amigas? Tú ven, Mª José, que yo te invito.
Compro un libro de Julio Verne que tiene muchas ilustraciones y a las cinco me presento en su casa.
- Felicidades, Mónica, tu madre me ha dicho que viniera.
- Sí, ya lo sé, pasa. No me llamo Mónica.
Estamos dispuestas en corro, ocupando todos los asientos de la casa.
- Voy a repartir los caramelos. Aviso que a Carmina le daré el doble porque es mi mejor amiga.
Merendamos chocolate con churros y con todo tipo de pastas. Después jugamos al escondite, la casa de Mª Teresa es muy grande. Mª Teresa y Carmina van de un lado a otro cogidas de la mano. Mª Teresa, cada vez que reemprendemos el juego, nos explica que a ella nunca la cogerán porque conoce los mejores escondites, y que a Carmina pues tampoco porque claro.
- Por fin, han cerrado. ¡Qué lentitud!
- Espera, les queda poner el candado.
- ¿No estás un poco chiflada para creer que son el mismo? El del bar parece más joven, y este pobre hombre que el único mal que hace es pelarse de frío vendiendo pipas.
- Pero, ¿no ves cuánto se parecen?
- Bueno.
- Además, puede cambiarse de ropa, disfrazarse. ¡Eh, que se larga! ¡Corre, vamos! Y muchísimo sigilo.
- ¡Qué miedo!
- No te preocupes, ha cogido la dirección de mi casa. Si nos pesca siguiéndole, hacemos como que vienes conmigo.
- Su mujer no se va con él.
- Nadie nos asegura que sea su mujer. ¿Ves? Otra prueba de que aquí hay algo raro.
- Va hacia el río. Estas calles son muy oscuras. Vámonos. Va a cruzar el puente, me da mucho miedo.
- Puede que viva al otro lado del río, con los gitanos, no sé dónde irá si no a estas horas.
- Yo me quiero ir a casa, es tarde, mi madre me reñirá. Tú vives aquí al lado pero yo no.
- Bueno, vamos, miedica. Pero nos quedamos sin saber a dónde iba.
- ¡Cinco de golpe!
- ¡La churra que tú tienes, no sé cómo te lo haces!
- Sí, churra pero ya llevo quince miniaturas, a este ritmo no tendré que comprar en mucho tiempo.
- Dicen que ha vuelto a venir el de los caramelos.
- ¿Cuándo?
- Al mediodía.
- ¡Hola, guapa! ¿Qué haces por aquí?
- Vengo de casa de una amiga.
- ¿Vives cerca?
Dios mío, ¿es el señor del bar o el de las pipas? Ya no lo sé... ¡Pero me está hablando de las chapas, qué caradura, cómo voy a querer más! ¿Qué hace en esta calle, viniendo del río?
- ¿Vives por aquí cerca?
¿Qué voy a hacer?
- ¿Dónde vives?
Las diez, con lo larga que es esta calle, y no pasa un alma. Si averigua dónde vivo... he de escapar antes de que lleguemos al portal.
- ¿Es ésta tu calle?
¿Cómo le doy el esquinazo?
- No, no es ésta.
- Si necesitas cualquier otra cosa que yo te pueda ofrecer...
¡Viejo verde! ¿Cómo voy a escapar de aquí? Con lo larga que es esta calle. Y encontrármelo precisamente ahora. ¿Es pura casualidad? Por ahí viene... ¡el zapatero de la plaza! Seguro que se acuerda de mí, hace un tiempo estuve en su taller jugando con el gato, un buen rato, mientras él conversaba con unos vecinos. Pero sólo fue esa vez, ni se debió dar cuenta.
- ¡Buenas noches! ¿Qué tal andamos?
- Bien, buenas noches. ¿Y su negocio?
- Voy haciendo, conservando la salud, que ya no me queda tanta. Y esta niña, ¿no eres tú la hija de la señora González? ¿Qué haces en la calle a estas horas?
- Me voy corriendo, que es muy tarde y mi madre me va a reñir. Buenas noches, ¡adiós!
¡Gracias, gracias! ¡Estoy salvada! ¡Vaya mirada que me ha echado ése, qué plancha se habrá llevado! ¡Corre, corre, no te detengas!
Agotadas mis fuerzas, llego al portal. ¿Me ha podido ver entrar? No, por favor. Sigo corriendo, subiendo las escaleras a grandes zancadas, hasta que por fin entro en casa.
- Mª José, te llama la señorita Inmaculada.
¡Qué! ¡Voy volando!
- Mª José, ¿te has vuelto una chica maleducada?
- ¡Hola señorita!
- Hola. Veo que os dedicáis a burlaros de vuestras compañeras. ¿Por qué os reíais de esa niña?
- Porque es tonta.
- ¿Quién dice que es tonta? ¿Tú? ¿Qué te has creído?
- Nada.
- Eramos buenas amigas el año pasado. Me estás defraudando, te recordaba con otra conducta. ¿No tienes nada que decir? Ya puedes irte, espero no volver a verte burlándote de nadie.
Sólo de mí misma por quererla. Usted se burla de mí más que yo de cualquiera. ¿Que me recordaba? Yo sí la recuerdo.
- ¡Hola! ¿Qué haces?
- Voy a comprar una tebeo y unos recortables.
- Yo acabo de comprar el Mortadelo. Si tú coges el Zipi y Zape nos los podemos dejar.
Compro una muñeca de las regordetas. Nos sentamos en un banco.
- ¡Mira que trompetazo le ha metido!
- ¡Qué bestia!
- Carol, ¿me perdonas?
- Bueno, Mónica.
- ¿Quieres que vayamos a jugar a los columpios?
- Sí.
- ¡Va. para, déjame!
- ¿Ya no te gustan mis cosquillas? ¿No te acuerdas de cuando eras pequeñita?
- Sí, yo le hablaba de ti a la señorita Inmaculada, y ella me hacía callar para que no lo oyeran las otras niñas, porque me decía que todo eso era ilegal.
- Mamá me ha dicho que se han comprado una finca muy cerca de casa de los abuelos.
- Por mí como si la compran en la Patagonia.
- ¿Qué te pasa, por qué dices eso?
- ¿Que por qué? ¿Te acuerdas del cuadro que le hice? Me daba vergüenza dárselo sin ponerle el marco, pero ella se iba de vacaciones y no tenía tiempo, o sea que se lo regalé sin marco. Ya lo había olvidado... Pues este año la tenemos algunas horas y, ¿sabes?, un día me llamó sólo para reñirme porque nos burlábamos de una niña tonta.
- No me parece esa una razón suficiente para que le tengas resentimientos.
- Si fue ella la que se burló de mí. Ahora también estará a punto de irse de vacaciones. Quién debe estar haciéndole el cuadro esta vez.
- Señorita Mª José, ¿cómo puede oír desde aquí unos tambores que están sonando en Africa?
- Luego te lo explico, me esperan arriba.
Apoyado en la chimenea está El Hombre Enmascarado, envuelto por el humo que sube del hogar, su gabardina y el sombrero.
Cristina Casanova Seuma
miércoles 25 de febrero de 2009
lunes 12 de noviembre de 2007
Historia de un cantante - VI
Historia de un cantante que quiso triunfar en Las Américas.
VI
Federico quiere pedir a Rosa en matrimonio. Esa mujer ha llegado a subyugarle hasta el extremo de que sería capaz de abandonar la música si ella se lo exigiera. ¿Cómo se hace para hablar de estas cosas a una mujer? ¿Dónde están sus agallas? ¿Por qué le ha de dar tantas vueltas? ¿Es demasiado viejo para enamorarse?
- ¿Tú crees que puedo llegar a ser un hombre famoso?
- ¿Cómo...?
- Sí, como tu sobrino.
- ¿De qué me hablas?
- ¿Dónde tienes la cabeza?
Bartolomé no puede reprimir un gesto dubitativo. - Perdóname, amigo mío, no estoy de humor. - ¿Qué años tendrá?¿Diecisiete? ¿Veintitrés? Qué poco importa la edad a estas alturas de la vida. No, no puede sentirse avergonzado, no tiene nada que ver, Bartolomé sabe que no tiene nada que ver, él sí es un hombre con edad... Qué gracia, qué frescura. - No he visto casi nada de Madrid, Federico.
- Volveremos, no te preocupes. Javi tiene razón, no podemos perder más tiempo aquí, hemos de ensayar.
- Si no hemos ni firmado el contrato todavía, en Madrid estamos muy bien.
- ¿Qué te pasa? Ese asunto lo negociará él, dice que es un tema muy delicado y que él sabe cómo manejar al señor Bega para sacar la mejor tajada. Hemos llegado demasiado lejos para estropearlo ahora. Hemos de ser cautos.
- Pero desde aquí lo negociará mejor, ¿no te parece?
- Aquí no podemos ensayar.
Bartolomé bebe, de espaldas a la barra, su última copa en Madrid. No se siente con ánimos para emprender ningún viaje. Javi y Matilde, subidos en aquel escenario de Valencia, tan jóvenes...
- ¿Saludas a una amiga?
- En ti pensaba, vine con la esperanza de encontrarte. Nos vamos mañana, quería desearte buena suerte en tus giras, te la mereces.
- Gracias... Pareces cansado, ¿tienes problemas? ¿Y el disco?
- No quiero saberlo, no quiero saber lo que Javi se trae entre manos. Es un buen muchacho, pero...
- Con mucho morro.
- ¿Es o no es tu novio?
- ¿Bailamos? Va, hombre, anímate.
- ¿Bailar, yo?
- Sí, o me dirás ahora que ya no tienes edad... porque mira a tu hermana...
- Ella es un caso aparte.
Él también es un caso aparte, al menos esta noche, con la mirada brillante de Matilde dándole de pleno en los ojos, con su invitación picarona a bailar, con su blusa abierta por la espalda. No quisiera despertar un solo recelo en la muchacha.
- Es bonito.
- ¿El qué?
- Lo de tu hermana y ese señor.
- Porque Javi nos trajo a España...
Y aquí vagando de un rincón a otro a la espera de que alguien se decida. Bartolomé perdió su carpintería. Invirtió sus ahorros. Federico ha encontrado una mujer. Querían actuaciones, fama, riqueza, triunfar. Cuántas otras cosas pueden atraer a Javi en España si el éxito le precede. ¿Dónde están los planes? Una linda joven.
- Vamos a bailar, Bartolomé.
Federico espera con un ramo de flores y algo más en el bolsillo izquierdo de unos pantalones de terciopelo negro.
Rosa Casero abre la puerta de su casa.
Se dan un beso.
Entra. Cuelga la americana. Se quita el sudor de la frente. Ofrece el ramo a la mujer.
- Son preciosas, gracias.
- ¡Cómo tú!
Ayudado de un buen carajillo y el estómago repleto, Federico se siente con fuerzas para iniciar su parlamento.
- En un año mi vida se ha transformado, bueno, ¿cómo te lo explicaría? Tu hermano y tu hijo, bueno, ¿para qué decirte? Yo he vivido en los últimos tiempos, mal que bien, con mi retiro, mis carajillos... ¿puedo seguir?
- Por favor.
- Un hombre como yo, a estas alturas... no está hecho para enamorarse, eso es cierto, y si me hubieses conocido antes lo entenderías.
- Creo que te entiendo.
- ¡Bartolomé y tu hijo me han ayudado tanto! Tienes un hermano que vale mucho. ¿Te parece que podríamos formalizar nuestras relaciones? ¿Quieres casarte conmigo, Rosa? ¿Quieres? - Rosa Bompito. Ya está dicho. No era tan difícil. - Lo he pensado mucho. Una mujer como tú, sería el hombre más estúpido del mundo si no te lo pidiera, Rosa. No sé si me explico.
- Perfectamente.
- Sí, ya sé que no soy ninguna maravilla, ¡cargar conmigo, qué insensatez! Rosa, ¿qué me dices?
- No sé si debo...
- Vale, no digas más, a mi edad y todavía creo que me puedo comer el mundo...
- No creas que soy viuda.
- ¡Qué me dices!
- Quiero decir que nunca me casé, suponía que algo te habría explicado mi hermano.
- Rosa...
- Es maravilloso lo que nos ha pasado. Si supieras cuántos años hacía que no pisaba una sala de baile...
- ¿Qué ocurrió, Rosa? ¿No puedes contármelo?
- Una noche bebimos juntos. No soy amante del alcohol, de verdad, lo detesto, cada vez que veo a mi hijo dándole me entra un no sé qué... Me quedé en cinta. Él quería que nos casáramos. Si no hubiese sido un alcohólico, un borracho...
- ¿Lo pasaste mal?
- Tuvo un terrible accidente con el coche. Javi no conoció a su padre. Intenté cuidarle lo mejor que pude. Con dinero se solucionan tantos problemas... ¿Lo ves, Federico? No sé lo que es el matrimonio. También yo soy una mujer... demasiado hecha, ¿a estas alturas vamos a amoldar nuestras costumbres? ¿No estamos bien así? ¿Qué más queremos?
Federico se rasca en el bolsillo izquierdo del pantalón. Algo hay ahí que pica, que pica mucho.
- Rosa, no quiero parecerte un borracho, pero... ¿podrías ponerme un poquito más de coñac?
- ¿Me largo, te dejo tranquilo?
- No, por mí ya lo estoy, quédate si quieres. Hacía tiempo que no nos veíamos.
- Creía que no te iba a encontrar, pensaba que estarías en Madrid. Pero tampoco te vi en Valencia, ¿qué pasa, tío?
- ¿Y contigo?
- Ya ves...
- Ahora sí, desde que te oí en la radio. Con que un pariente enfermo.
- Ya.
- Vaya tomadura de pelo, tío, ¿de qué vas? Si pasas de nosotros, ¿qué te costaba decirlo?
- ¡Os lo dije! ¡Ese disco no tenía nada que ver conmigo! Si vosotros aceptasteis entusiasmados las sugerencias de la discográfica no era mi problema. Qué, ¿qué tal os va con Matilde? Vais a arrasar, eh, con la chica...
- He dejado el grupo.
- ¿Qué...?
- ¿Qué pasa? ¿No nos dejaste tú primero? Ya me dirás qué pinto yo con la niña. Cristhy ha ido demasiado lejos. No sé para quién va a ser ahora la fama, ya te lo puedes imaginar.
- ¿Y el batería de Valencia?
- ¿Te importa mucho? Ya me contaron que tu lucimiento fue apoteósico, pero ahora ya no es tu grupo. Después de un año sin ser visto ni olido esa aparición ante el público te ha ido que ni pintada... ¿la tenías programada?
- Si te digo que... no me vas a creer. ¿A qué te dedicas ahora?
- Yo también estoy componiendo mis propios temas, ¿o piensas que eres el único que puede destacar en solitario? Lástima que no sea tan rico como tú y que tenga que hacer de camarero para sobrevivir.
- No te entiendo...
- ¿Que no me entiendes? Me dejaste muy colgado. Dentro ya de poco todos esos se van a forrar, ¿qué te parece? Y ya me dirás la de cosas que se pueden hacer después, buenas, con dinero abundante en los bolsillos.
- Estamos hechos para ser grandes, no para que en un par de días nos olviden, ¿no lo comprendes? Levábamos una trayectoria tan coherente, ¿sabes, Richi, qué es la coherencia? ¿Sabes que es?
- ¿Qué?
- La coherencia es muy importante. Richi, hay que ser coherente. Y yo sí lo he sido. Coherente. No me avergüenzo de haber montado esta historia. Ven conmigo. Llegaremos lejos con el disco, ven a escucharlo, decide al menos si te parece bueno.
- Je.
- Te necesito. Me falta gente. También podemos ser ricos con esto, hay muchos oídos en el mundo y los tiempos cambian. Espero que Tito sepa ser inteligente.
- ¿Tenéis problemas?
- Tonterías, no estaba de acuerdo con la elección de mi cantante. Tú no le conoces, se ha liado con mi madre. Pero cederá, te lo aseguro. Como que le voy a enviar el vídeo de nuestra presentación televisiva. Va, anímate, te necesito, le darás cuerpo al conjunto.
A Bartolomé la televisión le coge desprevenido. Abre la puerta y se encuentra con unos cámaras que dicen venir a grabar un programa. Ni siquiera estaba afeitado.
- Javi, levántate, corre, han venido unos señores de la televisión autonómica. ¡Vamos, despierta! Entiéndete con ellos, no vaya a ser una broma.
- Déjame dormir...
- ¡Javi!
- ¿Está Federico?
- Sí... ¡que es la tele?
- Tranquilo, no pasa nada, ya me levanto. Atiéndeles mientras me visto, ¿sabrás hacerlo?
Bartolomé apura los restos de coñac que quedaban en la mesita de Javi.
- Así que vienen ustedes de la televisión... Nosotros es que somos extranjeros. Aunque yo nací aquí...
- Tomen asiento, por favor, ¿quieren vino, cerveza?
- Si no les importa vamos colocando los focos.
- Y de muy joven me fui a América, era emprendedor.. Yo soy el tío de Javi, y este señor es Federico, el cantante.
- Pero no vayan a creer que hacemos música pop, como el antiguo grupo de Javi.
- No, lo nuestro es música electrónica.
- ¿Vosotros? ¿Formáis parte de la nueva formación?
- ¿Cómo?
- Déjame a mí, Federico. ¿Pero no lo saben? Yo soy el portavoz del grupo, sacaremos un disco en el que Federico y Javi cantan a dúo. Es una música muy interesante.
- Tenemos hecha la maqueta, la hicimos en Venezulela. ¿Conocen a Tetito Bega? Vamos a firmar el contrato con él.
- Estamos ultimando los trámites.
- Salimos por la radio, nos enviaron una entrevista a nuestro país, ¿la oyeron?
- No. ¿Falta mucho para que aparezca Javi?
- En seguida vendrá. ¿Quieren oír la maqueta mientras tanto?
- Sí, pero un momento, podríamos ir poniendo en funcionamiento la cámara, ¿les parece?
- ¿Y tenéis ya pensado el nombre del disco?
Bartolomé abre la boca. Abre la boca... ¿dónde está su voz? Vaya apuro. Por fin parece que reacciona.
- Desde luego que sí. Se llamará “Nunca jamás te elevarás a los Cielos (al paso de mi Amor)”.
- Un nombre largo... ¿Podríamos escuchar algún tema en primicia mientras se decide a aparecer nuestro protagonista de esta tarde?
- Bartolomé, el teléfono.
- ¿Dígame?
- Buenos días, ¿hablo con Bartolomé Casero?
- Sí, ¿en qué puedo servirle?
- Soy Tito.
- ¡Ah, sí, buenos días!
- ¿Cómo lleváis el asunto? ¿Estáis ensayando?
- Pues sí... Ha entrado un nuevo miembro, un compañero del antiguo grupo de Javi, y de momento parece que entre los tres se entienden muy bien. Es que dice Javi que como son unos temas muy de estudio, pues que es difícil traspasarlos al terreno de una actuación.
- Precisamente de eso quería hablaros, he estado moviendo por ahí el asunto y es posible que cacemos algún buen concierto después de todo. Comunícaselo a tus cantantes.
- No cuelgue, por favor... ¡Federico! ¿Dónde está Javi?
- En la cama.
- Ven, vamos a decírselo, tendremos actuación.
- ¿De verdad, en serio lo dices? ¿Cuándo?
- Javi, despierta, Tito está en el teléfono, dice que es posible que cacemos alguna buena actuación.
- Eso está mejor. Comunícale una cosa... dile que estamos en muy buenos tratos con ya sabe qué sala de Benidorm.
- ¿Con qué sala?
- Tú dile eso.
- ¿Pero es cierto?
- Esas cosas nunca se saben...
- Me tienes frito.
- ¡Hazme caso y déjame dormir!
- ¡Duerme, duerme y bebe, que es lo tuyo!
- Ven aquí, hombre, de verdad que debería recortarte estas patillas, no sé qué pareces...
- Rosa, no hay tiempo, y lo importante es que me encuentre cómodo. Me lo ha dicho tu hijo, sobre todo eso, que me sienta cómodo. No me recortes las patillas, por Dios, me gustan así.
- Tranquilízate, Federico, ¿quieres que vaya a buscar una tila?
- ¡Una tila...! ¡No digas sandeces!¡Y si te empeñas en traerme algo, que sea un coñac!
- Creo que ya has bebido demasiado.
- ¡Quieres callarte!
Javi entra en el camerino.
- Qué, ¿está dispuesto?
- ¿Cómo me encuentras, Javi, me ves bien?
- Estupendamente... ¡Vaya paquete que marca!
- Sí, ¿verdad? Tu madre ha conseguido que recuperara los kilos perdidos, es un ángel. ¡Pero estaba emperrada en repasarme mis patillas!
- Está un poco nerviosa.
- ¿Cuánto nos falta para salir?
- Un cuarto de hora si no hay imprevistos. Y recuerde, no se preocupe por nada, sobre todo concentración. ¿Ha estado alguna vez sobre un escenario?
- No, cuéntame, ¿qué se siente? ¿Es como me lo imagino?
- En seguida tendrá la ocasión de comprobar si es como se imagina...
- Pero es una experiencia única, ¿verdad? ¿Verdad que no la cambiarías por nada en el mundo? Pero... ¿te imaginas que yo no gustase?
- Federico, que tiene el éxito asegurado, hombre...
- ¿Triunfaremos...? Será el momento más glorioso de mi existencia. Rosa estará orgullosa de nosotros, puede que incluso después se decida... Tú sabes lo que es eso... tú has oído los aplausos del público...
Javi situado a la izquierda del escenario. Federico a la derecha, le trae suerte. Richi en el centro. Todo está preparado. El telón. Las luces...
Aplausos.
Concéntrate. Concéntrate. No puedes ver nada. ¿Los oyes?
Suenan los primeros compases.
En algún lugar muy cercano al escenario Bartolomé se entrega al espectáculo de su vida. El taburete donde está apoyado Federico lo hizo él. Fue su último trabajo como carpintero. Rosa, junto a su hermano, sufre terriblemente. Incluso en algún lugar anda Matilde, es imposible verla en la oscuridad.
Federico todavía no sabe que esa va a ser la primera y última actuación de su vida. Un concierto memorable.
Suda terriblemente. Es demasiado viejo para estas cosas.
Cristina Casanova Seuma
VI
Federico quiere pedir a Rosa en matrimonio. Esa mujer ha llegado a subyugarle hasta el extremo de que sería capaz de abandonar la música si ella se lo exigiera. ¿Cómo se hace para hablar de estas cosas a una mujer? ¿Dónde están sus agallas? ¿Por qué le ha de dar tantas vueltas? ¿Es demasiado viejo para enamorarse?
- ¿Tú crees que puedo llegar a ser un hombre famoso?
- ¿Cómo...?
- Sí, como tu sobrino.
- ¿De qué me hablas?
- ¿Dónde tienes la cabeza?
Bartolomé no puede reprimir un gesto dubitativo. - Perdóname, amigo mío, no estoy de humor. - ¿Qué años tendrá?¿Diecisiete? ¿Veintitrés? Qué poco importa la edad a estas alturas de la vida. No, no puede sentirse avergonzado, no tiene nada que ver, Bartolomé sabe que no tiene nada que ver, él sí es un hombre con edad... Qué gracia, qué frescura. - No he visto casi nada de Madrid, Federico.
- Volveremos, no te preocupes. Javi tiene razón, no podemos perder más tiempo aquí, hemos de ensayar.
- Si no hemos ni firmado el contrato todavía, en Madrid estamos muy bien.
- ¿Qué te pasa? Ese asunto lo negociará él, dice que es un tema muy delicado y que él sabe cómo manejar al señor Bega para sacar la mejor tajada. Hemos llegado demasiado lejos para estropearlo ahora. Hemos de ser cautos.
- Pero desde aquí lo negociará mejor, ¿no te parece?
- Aquí no podemos ensayar.
Bartolomé bebe, de espaldas a la barra, su última copa en Madrid. No se siente con ánimos para emprender ningún viaje. Javi y Matilde, subidos en aquel escenario de Valencia, tan jóvenes...
- ¿Saludas a una amiga?
- En ti pensaba, vine con la esperanza de encontrarte. Nos vamos mañana, quería desearte buena suerte en tus giras, te la mereces.
- Gracias... Pareces cansado, ¿tienes problemas? ¿Y el disco?
- No quiero saberlo, no quiero saber lo que Javi se trae entre manos. Es un buen muchacho, pero...
- Con mucho morro.
- ¿Es o no es tu novio?
- ¿Bailamos? Va, hombre, anímate.
- ¿Bailar, yo?
- Sí, o me dirás ahora que ya no tienes edad... porque mira a tu hermana...
- Ella es un caso aparte.
Él también es un caso aparte, al menos esta noche, con la mirada brillante de Matilde dándole de pleno en los ojos, con su invitación picarona a bailar, con su blusa abierta por la espalda. No quisiera despertar un solo recelo en la muchacha.
- Es bonito.
- ¿El qué?
- Lo de tu hermana y ese señor.
- Porque Javi nos trajo a España...
Y aquí vagando de un rincón a otro a la espera de que alguien se decida. Bartolomé perdió su carpintería. Invirtió sus ahorros. Federico ha encontrado una mujer. Querían actuaciones, fama, riqueza, triunfar. Cuántas otras cosas pueden atraer a Javi en España si el éxito le precede. ¿Dónde están los planes? Una linda joven.
- Vamos a bailar, Bartolomé.
Federico espera con un ramo de flores y algo más en el bolsillo izquierdo de unos pantalones de terciopelo negro.
Rosa Casero abre la puerta de su casa.
Se dan un beso.
Entra. Cuelga la americana. Se quita el sudor de la frente. Ofrece el ramo a la mujer.
- Son preciosas, gracias.
- ¡Cómo tú!
Ayudado de un buen carajillo y el estómago repleto, Federico se siente con fuerzas para iniciar su parlamento.
- En un año mi vida se ha transformado, bueno, ¿cómo te lo explicaría? Tu hermano y tu hijo, bueno, ¿para qué decirte? Yo he vivido en los últimos tiempos, mal que bien, con mi retiro, mis carajillos... ¿puedo seguir?
- Por favor.
- Un hombre como yo, a estas alturas... no está hecho para enamorarse, eso es cierto, y si me hubieses conocido antes lo entenderías.
- Creo que te entiendo.
- ¡Bartolomé y tu hijo me han ayudado tanto! Tienes un hermano que vale mucho. ¿Te parece que podríamos formalizar nuestras relaciones? ¿Quieres casarte conmigo, Rosa? ¿Quieres? - Rosa Bompito. Ya está dicho. No era tan difícil. - Lo he pensado mucho. Una mujer como tú, sería el hombre más estúpido del mundo si no te lo pidiera, Rosa. No sé si me explico.
- Perfectamente.
- Sí, ya sé que no soy ninguna maravilla, ¡cargar conmigo, qué insensatez! Rosa, ¿qué me dices?
- No sé si debo...
- Vale, no digas más, a mi edad y todavía creo que me puedo comer el mundo...
- No creas que soy viuda.
- ¡Qué me dices!
- Quiero decir que nunca me casé, suponía que algo te habría explicado mi hermano.
- Rosa...
- Es maravilloso lo que nos ha pasado. Si supieras cuántos años hacía que no pisaba una sala de baile...
- ¿Qué ocurrió, Rosa? ¿No puedes contármelo?
- Una noche bebimos juntos. No soy amante del alcohol, de verdad, lo detesto, cada vez que veo a mi hijo dándole me entra un no sé qué... Me quedé en cinta. Él quería que nos casáramos. Si no hubiese sido un alcohólico, un borracho...
- ¿Lo pasaste mal?
- Tuvo un terrible accidente con el coche. Javi no conoció a su padre. Intenté cuidarle lo mejor que pude. Con dinero se solucionan tantos problemas... ¿Lo ves, Federico? No sé lo que es el matrimonio. También yo soy una mujer... demasiado hecha, ¿a estas alturas vamos a amoldar nuestras costumbres? ¿No estamos bien así? ¿Qué más queremos?
Federico se rasca en el bolsillo izquierdo del pantalón. Algo hay ahí que pica, que pica mucho.
- Rosa, no quiero parecerte un borracho, pero... ¿podrías ponerme un poquito más de coñac?
- ¿Me largo, te dejo tranquilo?
- No, por mí ya lo estoy, quédate si quieres. Hacía tiempo que no nos veíamos.
- Creía que no te iba a encontrar, pensaba que estarías en Madrid. Pero tampoco te vi en Valencia, ¿qué pasa, tío?
- ¿Y contigo?
- Ya ves...
- Ahora sí, desde que te oí en la radio. Con que un pariente enfermo.
- Ya.
- Vaya tomadura de pelo, tío, ¿de qué vas? Si pasas de nosotros, ¿qué te costaba decirlo?
- ¡Os lo dije! ¡Ese disco no tenía nada que ver conmigo! Si vosotros aceptasteis entusiasmados las sugerencias de la discográfica no era mi problema. Qué, ¿qué tal os va con Matilde? Vais a arrasar, eh, con la chica...
- He dejado el grupo.
- ¿Qué...?
- ¿Qué pasa? ¿No nos dejaste tú primero? Ya me dirás qué pinto yo con la niña. Cristhy ha ido demasiado lejos. No sé para quién va a ser ahora la fama, ya te lo puedes imaginar.
- ¿Y el batería de Valencia?
- ¿Te importa mucho? Ya me contaron que tu lucimiento fue apoteósico, pero ahora ya no es tu grupo. Después de un año sin ser visto ni olido esa aparición ante el público te ha ido que ni pintada... ¿la tenías programada?
- Si te digo que... no me vas a creer. ¿A qué te dedicas ahora?
- Yo también estoy componiendo mis propios temas, ¿o piensas que eres el único que puede destacar en solitario? Lástima que no sea tan rico como tú y que tenga que hacer de camarero para sobrevivir.
- No te entiendo...
- ¿Que no me entiendes? Me dejaste muy colgado. Dentro ya de poco todos esos se van a forrar, ¿qué te parece? Y ya me dirás la de cosas que se pueden hacer después, buenas, con dinero abundante en los bolsillos.
- Estamos hechos para ser grandes, no para que en un par de días nos olviden, ¿no lo comprendes? Levábamos una trayectoria tan coherente, ¿sabes, Richi, qué es la coherencia? ¿Sabes que es?
- ¿Qué?
- La coherencia es muy importante. Richi, hay que ser coherente. Y yo sí lo he sido. Coherente. No me avergüenzo de haber montado esta historia. Ven conmigo. Llegaremos lejos con el disco, ven a escucharlo, decide al menos si te parece bueno.
- Je.
- Te necesito. Me falta gente. También podemos ser ricos con esto, hay muchos oídos en el mundo y los tiempos cambian. Espero que Tito sepa ser inteligente.
- ¿Tenéis problemas?
- Tonterías, no estaba de acuerdo con la elección de mi cantante. Tú no le conoces, se ha liado con mi madre. Pero cederá, te lo aseguro. Como que le voy a enviar el vídeo de nuestra presentación televisiva. Va, anímate, te necesito, le darás cuerpo al conjunto.
A Bartolomé la televisión le coge desprevenido. Abre la puerta y se encuentra con unos cámaras que dicen venir a grabar un programa. Ni siquiera estaba afeitado.
- Javi, levántate, corre, han venido unos señores de la televisión autonómica. ¡Vamos, despierta! Entiéndete con ellos, no vaya a ser una broma.
- Déjame dormir...
- ¡Javi!
- ¿Está Federico?
- Sí... ¡que es la tele?
- Tranquilo, no pasa nada, ya me levanto. Atiéndeles mientras me visto, ¿sabrás hacerlo?
Bartolomé apura los restos de coñac que quedaban en la mesita de Javi.
- Así que vienen ustedes de la televisión... Nosotros es que somos extranjeros. Aunque yo nací aquí...
- Tomen asiento, por favor, ¿quieren vino, cerveza?
- Si no les importa vamos colocando los focos.
- Y de muy joven me fui a América, era emprendedor.. Yo soy el tío de Javi, y este señor es Federico, el cantante.
- Pero no vayan a creer que hacemos música pop, como el antiguo grupo de Javi.
- No, lo nuestro es música electrónica.
- ¿Vosotros? ¿Formáis parte de la nueva formación?
- ¿Cómo?
- Déjame a mí, Federico. ¿Pero no lo saben? Yo soy el portavoz del grupo, sacaremos un disco en el que Federico y Javi cantan a dúo. Es una música muy interesante.
- Tenemos hecha la maqueta, la hicimos en Venezulela. ¿Conocen a Tetito Bega? Vamos a firmar el contrato con él.
- Estamos ultimando los trámites.
- Salimos por la radio, nos enviaron una entrevista a nuestro país, ¿la oyeron?
- No. ¿Falta mucho para que aparezca Javi?
- En seguida vendrá. ¿Quieren oír la maqueta mientras tanto?
- Sí, pero un momento, podríamos ir poniendo en funcionamiento la cámara, ¿les parece?
- ¿Y tenéis ya pensado el nombre del disco?
Bartolomé abre la boca. Abre la boca... ¿dónde está su voz? Vaya apuro. Por fin parece que reacciona.
- Desde luego que sí. Se llamará “Nunca jamás te elevarás a los Cielos (al paso de mi Amor)”.
- Un nombre largo... ¿Podríamos escuchar algún tema en primicia mientras se decide a aparecer nuestro protagonista de esta tarde?
- Bartolomé, el teléfono.
- ¿Dígame?
- Buenos días, ¿hablo con Bartolomé Casero?
- Sí, ¿en qué puedo servirle?
- Soy Tito.
- ¡Ah, sí, buenos días!
- ¿Cómo lleváis el asunto? ¿Estáis ensayando?
- Pues sí... Ha entrado un nuevo miembro, un compañero del antiguo grupo de Javi, y de momento parece que entre los tres se entienden muy bien. Es que dice Javi que como son unos temas muy de estudio, pues que es difícil traspasarlos al terreno de una actuación.
- Precisamente de eso quería hablaros, he estado moviendo por ahí el asunto y es posible que cacemos algún buen concierto después de todo. Comunícaselo a tus cantantes.
- No cuelgue, por favor... ¡Federico! ¿Dónde está Javi?
- En la cama.
- Ven, vamos a decírselo, tendremos actuación.
- ¿De verdad, en serio lo dices? ¿Cuándo?
- Javi, despierta, Tito está en el teléfono, dice que es posible que cacemos alguna buena actuación.
- Eso está mejor. Comunícale una cosa... dile que estamos en muy buenos tratos con ya sabe qué sala de Benidorm.
- ¿Con qué sala?
- Tú dile eso.
- ¿Pero es cierto?
- Esas cosas nunca se saben...
- Me tienes frito.
- ¡Hazme caso y déjame dormir!
- ¡Duerme, duerme y bebe, que es lo tuyo!
- Ven aquí, hombre, de verdad que debería recortarte estas patillas, no sé qué pareces...
- Rosa, no hay tiempo, y lo importante es que me encuentre cómodo. Me lo ha dicho tu hijo, sobre todo eso, que me sienta cómodo. No me recortes las patillas, por Dios, me gustan así.
- Tranquilízate, Federico, ¿quieres que vaya a buscar una tila?
- ¡Una tila...! ¡No digas sandeces!¡Y si te empeñas en traerme algo, que sea un coñac!
- Creo que ya has bebido demasiado.
- ¡Quieres callarte!
Javi entra en el camerino.
- Qué, ¿está dispuesto?
- ¿Cómo me encuentras, Javi, me ves bien?
- Estupendamente... ¡Vaya paquete que marca!
- Sí, ¿verdad? Tu madre ha conseguido que recuperara los kilos perdidos, es un ángel. ¡Pero estaba emperrada en repasarme mis patillas!
- Está un poco nerviosa.
- ¿Cuánto nos falta para salir?
- Un cuarto de hora si no hay imprevistos. Y recuerde, no se preocupe por nada, sobre todo concentración. ¿Ha estado alguna vez sobre un escenario?
- No, cuéntame, ¿qué se siente? ¿Es como me lo imagino?
- En seguida tendrá la ocasión de comprobar si es como se imagina...
- Pero es una experiencia única, ¿verdad? ¿Verdad que no la cambiarías por nada en el mundo? Pero... ¿te imaginas que yo no gustase?
- Federico, que tiene el éxito asegurado, hombre...
- ¿Triunfaremos...? Será el momento más glorioso de mi existencia. Rosa estará orgullosa de nosotros, puede que incluso después se decida... Tú sabes lo que es eso... tú has oído los aplausos del público...
Javi situado a la izquierda del escenario. Federico a la derecha, le trae suerte. Richi en el centro. Todo está preparado. El telón. Las luces...
Aplausos.
Concéntrate. Concéntrate. No puedes ver nada. ¿Los oyes?
Suenan los primeros compases.
En algún lugar muy cercano al escenario Bartolomé se entrega al espectáculo de su vida. El taburete donde está apoyado Federico lo hizo él. Fue su último trabajo como carpintero. Rosa, junto a su hermano, sufre terriblemente. Incluso en algún lugar anda Matilde, es imposible verla en la oscuridad.
Federico todavía no sabe que esa va a ser la primera y última actuación de su vida. Un concierto memorable.
Suda terriblemente. Es demasiado viejo para estas cosas.
Cristina Casanova Seuma
Historia de un cantante - V
Historia de un cantante que quiso triunfar en Las Américas.
V
Comen lo que sea alrededor de un mármol desgastado. Están cansados. No fueron a recibirles. Bartolomé lo prefiere así, es mejor esperar un poco antes de emprender sus funciones de portavoz.
- ¿Qué haremos ahora?
Federico se encuentra en una nube con forma de plato de callos. El tenedor y el pan entran y salen de su boca con una rapidez asombrosa. No es que tenga hambre, lo que más le importa en este momento es atender al diálogo de sus compañeros sin separar los ojos del plato.
- ¿No tienes ganas de ver a mi madre?
- Sí, desde luego.
- Pues vayamos a Málaga. Mejor instalarnos primero, ¿no os parece? Ese se va a creer que nos tiene a su merced si nos quedamos en Madrid.
- ¿De quién hablas?
- De Tito. Además, hemos de preparar muchas cosas... En Málaga trabajaremos más a gusto.
- Es muy razonable lo que dices.
Federico también lo cree así, muy razonable. ¿A qué tiene miedo?
- Tu hijo es un muchacho estupendo.
- Me alegra que digas eso, me quitas un peso de encima. Sufría pensando en la de disgustos que podía darte, él va a la suya y...
- Mujer, que te lo he dicho en serio, ¡si supieras lo que ha hecho por nosotros!
- Desde el momento en que partió a Venezulela... Aunque desde luego su actitud fue muy extraña, mira que abandonar a su grupo por una invitación tuya, no sé, la verdad, después de tantos años con ellos... no lo he podido entender. Y qué, ¿te has animado a venir de vacaciones? Llevas demasiado tiempo fuera, ya te lo dije entonces. En fin, al menos me harás compañía un tiempecito, ¿eh?
- Yo, y Federico, y Javi también, ya verás, que es un buen muchacho.
- ¿Quién es Federico?
- Mi vecino, o lo era en Venezulela. Vendrá dentro de un rato, decía que no quería entorpecer un reencuentro familiar, es un hombre muy correcto. Estamos aquí por él. Aunque deberíamos estar en las Américas Norteñas, pero Javi decidió que era más seguro venir a España. Fue un golpe muy duro.
- ¿Y qué teníais que hacer en las Américas Norteñas? ¿También de vacaciones...?
- No, cantar.
- ¿Cantar?
- Sí.
- Bueno, bueno, ¿para eso queríais a Javi, para que cantara?
- No, quien tenía que cantar era Federico. Han acabado haciéndolo los dos.
- Es el colmo, estás hecho una caja de sorpresas. Y ahora me dirás que tú tocas la guitarra, o una batería de esas...
- En primer lugar no se tocan instrumentos aquí, se trata de aparatos electrónicos... Y en realidad yo sólo quería ayudar a Federico, intentaba orientarle, por eso llamé a Javi. Piensa que es muy difícil tirar adelante en este oficio, así por las buenas.
- Yo poco puedo pensar, sólo conozco lo que hace mi hijo con su grupo.
- Mira, ahora tendré oportunidad de escucharles.
- No tengas prisa, no tocan precisamente para nosotros.
- Eso desde luego, hacen música muy complicada.
- Yo no sé ni si es música ni si es complicada, sólo sé que es el oficio de mi hijo y que parece que lo tiene muy claro. Están llamando, ¿será tu amigo?
- Supongo.
Rosa abre la puerta a Javi y a una cara nueva. Ahora le parece que entiende de dónde ha sacado el chico su bigote.
- Os presento. Rosa Casero, mi madre. Este señor es Federico.
- Mucho gusto.
- Encantada. Pasa, estás en tu casa.
Rosa sirve otras dos tazas de café. Federico observa a la mujer, hacía tiempo que no... Javi saca el coñac del mueble bar.
- Bartolomé me ha explicado que habéis venido a grabar un disco, y que tú eres el cantante.
¿Será la primera vez que alguien llama a Federico cantante?
- Pues sí, lo soy. Lo somos los dos, tu hijo y yo, y tu hermano es nuestro portavoz. Se lo ha ganado a pulso.
- Bartolomé, por cierto, ¿qué has hecho con tu carpintería?
- La vendí. Necesitábamos capital, y no tenía ahorrado el suficiente.
- O sea que ahora vives de rentas, como quien dice.
- Sí.
- Pero pronto ganaremos dinero, ¿verdad, Javi?
Javi levanta la copa. - En eso estamos.
- ¿Más café?
- Por mí no, muchísimas gracias, es un poquito fuerte para mí.
- Me da pena que vendieras tu carpintería, parecía que le tenías mucha afición.
- Sí, es cierto.
Javi ha preparado una suculenta cena a base de huevos fritos con chorizo, ensalada, queso, pimientos y algunas cosas más. Extiende el mantel que le regalara su madre en algún aniversario, barre el suelo y se sienta a descansar.
En el periódico anuncian la actuación de su grupo.
Se entretiene barriendo el resto del piso. Está lleno de polvo y huele todavía a cerrado. Abre todas las ventanas.
Federico, Bartolomé y su hermana llegan de dar un paseo por la ciudad.
- Qué, ¿os lo habéis pasado bien?
- Es muy bonita esta tierra, muchacho.
- ¿Ah, sí?
- ¿A que no te imaginas dónde nos ha llevado tu madre? ¡A la casa donde nacimos! Te juro que me he emocionado, esa placita tan renacuaja...
- Qué, ¿cenamos? Tome asiento, Federico. Mamá, tío.
Regresa de la cocina con una bandeja de huevos decorados exquisitamente. Y dos botellas de vino tinto. Ensalada, más huevos, más chorizo, más botellas.
Rosa está contenta con su hijo, a fin de cuentas ha vuelto a su lado, con su hermano y con Federico. Está bien acompañada. Hacía tiempo que no recibía tantas atenciones. Luce un vestido estampado en tonos azules que le da un aspecto verdaderamente juvenil.
A Federico, con los calores, el vino, el empacho, el coñac, se le escapan algunas miradas.
Rosa Casero las recibe con satisfacción. Son muy discretas.
Cuando está absolutamente convencido de que no van a verle Federico mira incluso sus piernas, y en algún momento un poquito más abajo del cuello. Entonces le da corriendo a la copa porque la situación es insostenible. Le ahoga la cabeza de su difunta, le ahoga su responsabilidad profesional, le ahogan Bartolomé y su sobrino. Le pica el bigote, la nariz, le aprietan los zapatos con los que por cierto ha ganado lo justo en esbeltez.
La madre de Javi es toda una señora. “¿Qué pinta aquí una señora? ¿Dónde me la meto?”
- Bartolomé, ¿qué hora es?
- ¿Hora? ¡La tele! ¡Va a salir el grupo de Javi, lo he visto anunciado esta mañana!
Desde luego Javi siente una peligrosa curiosidad. Enciende el aparato.
- Así que va a salir tu grupo... ¿cuándo lo grabasteis?
- No lo sé, supongo que presentarán el nuevo disco, yo no salgo. ¿Sabes quién canta, mamá? Matilde, ¿te acuerdas de ella?
- Pues claro, Matilde, se trata de su amiga. ¿Y cómo ha sido eso? ¡Calla, calla! ¿No sois vosotros...?
Miran todos a la pantalla.
- Sí, son ellos.
Con Matilde Espero ante el micrófono.
- ¡Pues vaya amigas que tienes, ya me la presentarás!
Javi sigue mirando la pantalla. Matilde con el cabello púrpura, Matilde con el corpiño blanco.
Matilde está guapísima, sensacional.
Baila que da gusto verla.
A Javi también se le va concentrando el alcohol en la cabeza.
- Asco de temas...
- ¿Qué dices?
No contesta. El teléfono, el teléfono.
- ¿Está Matilde?
- Un momento. Eres Javi, ¿verdad?
- ¿Dígame?
- ¿Qué haces?
- Me estoy grabando en vídeo. No sé si sabes que por la tele...
- Te estoy viendo.
- ¿Y qué te parece?
- No estás mal.
- Gracias. Te oí en la radio. Entonces entendí lo de New York. Por cierto, ¿estás por aquí?
- Sí, vamos a grabar un disco.
- ¿Tu disco, ese que surgió a raíz de no sé qué tonadilla?
- Sí, exactamente.
- Ya. Lástima por lo de New York, parecía divertido.
- ¿Cómo van vuestras giras?
- A punto para empezar. Ya te dije lo de los festivales, ¿verdad? ¿O sea que no vas a New York?
- De momento no.
- ¿Sabes que haremos una gira por México?
- Sí. ¿Haces algo, luego?
- Pues sí, lo siento. Oye, perdona, cuelgo, es que quiero verme.
- Os presento. Tetito Bega. Mi madre, Rosa Casero. Federico Bompito, el cantante. Bartolomé Casero, mi tío, además de nuestro portavoz.
La emoción se cuela en el aire.
Bartolomé recuerda la imagen de aquellos trampolines que penden en piscinas con poca profundidad, algo que siempre le ha atemorizado. Hay que lanzarse a la primera, o nunca.
- Señor Bega, hemos venido desde Venezulela a grabar un disco. Javi nos informó de su interés por nuestra música. Creo que antes de seguir adelante tendríamos que considerar las condiciones de un posible contrato.
- Pero tutéame, por favor.
- Muy bien, Tetito.
- Tito.
- De acuerdo. Tito, en primer lugar, ¿es cierto que estás interesado por nuestra música?
- Sí, ya se lo dije a Javi, es muy interesante.
- Y te interesaría entonces que hiciéramos un disco.
- Si, eso le propuse a Javi, me interesa.
- Muy bien, necesitará un nombre. Pensemos.
Tras un buen rato de discusiones Federico y Javi toman su decisión. El disco se llamará “Nunca jamás te elevarás a los Cielos (al paso de mi Amor)”. El segundo punto lo plantea directamente Federico, su mayor ilusión sería estrenar el disco ofreciendo una actuación, a poder ser por todo lo alto. Tetito Bega, sin embargo, no está tan dispuesto a mostrar en vivo y en directo la estampa de este señor.
- ¡Por fin lucirá sus pantalones, Federico!
- Javi, es más de lo que podía soñar, es es... no sé explicarlo.
- Señores, ¿no os parece que ya es hora de ir a celebrar estos acuerdos? Tenemos mucho tiempo por delante para seguir discutiendo los detalles. ¿Firmas aquí, Javi? Es un momento, nos vamos ya.
- No, Tito, tal como bien has dicho nos quedan los detalles.
Se trata de una de las cenas más románticas que se han dado en la vida de Federico y Bartolomé. Federico empieza a saborear algo de lo que debe ser el triunfo, sí, es una manera de traspasar las puertas del restaurante y que alguien se encargue de pedir un reservado.
Brindan, ríen y alzan las manos por cualquier motivo, gesticulan con entusiasmo, embriagan sus sentidos y sorprenden a Tetito Bega con sus expresiones.
Javi, estimulado, levanta su copa cuantas veces son necesarias, y más.
Son felices.
Rosa también.
El peregrinaje musical se le hace duro, no está Bartolomé hecho a la medida de las nuevas discotecas. Le explotan las orejas, tanta tele junta le abruma y no tiene dónde sentarse. Por lo visto Javi sólo se interesa en conversar con su copa.
Federico y Rosa se acercan demasiado el uno al otro cada vez que hablan.
A Bartolomé no le toca más remedio, si quiere distraerse, que conversar con Tito.
- ¿Así que es aquí donde se reúnen los artistas?
Rosa se sentiría cohibida en este sitio si no fuera porque las atenciones de Federico la cobijan.
- ¿Tú crees? Ya podemos dar una educación a nuestros hijos que mira qué hacen con ella, ¿a ti te parece que este lugar puede agradar a una persona con un mínimo de sensatez? ¡Es para volverse loca!
- Yo opino que depende de las condiciones en que la persona se encuentre. A mí, por ejemplo, me gusta este lugar y cualquier otro. Es decir, que donde estés tú, ahí me tienes más fino y campante que...
- Federico, ¿qué estás bebiendo?
- Algo que me da fuerzas, Rosa.
Y Federico piensa en las Américas Norteñas con una mueca de burla.
- Rosa, España es un país precioso, ya me lo dijo tu hermano.
Bartolomé, Javi, y ahora Rosa, Rosa Casero. ¿Rosa Bompito?
- Discúlpame, he de pasar por el servicio.
¿Rosa Casero? ¿Rosa Bompito? Federico quiere reaccionar pero ya no puede, ni remojándose la cara. Se la comería. Esa mujer...
- Sí, ahora iremos a ese Festival.
- Y cuéntanos, cuéntanos unas cosillas. Tetito Bega nos ha explicado que vas lanzada al estrellato. ¿Crees que en el panorama del pop español hacen falta más mujeres como tú, mujeres explosivas, con decisión, capaces de apostar radicalmente por la música arriesgándolo todo a una sola carta? ¿Crees que faltan mujeres con inteligencia y aplomo suficiente para dar a los grupos su sello personal?
- Hemos querido huir del concepto. Nosotros queremos igualarnos a los grupos del Reino Unido, no queremos ser una banda de pueblo, ni unos graciosos. Hay mucho niñato y niñata entre los grupos españoles, por no decir que todos lo son. Nosotros apostamos por la buena música, y no nos importa que nos tilden de distintos, de ir a contracorriente. Hay que arriesgarse, sí.
Esa es la voz de Matilde, imposible que se trate de otra. Javi deja de dar vueltas, se le acerca por detrás.
- Matilde...
- Hola, luego hablamos, dentro de un momentito, me están haciendo una entrevista.
- No lo dudo, se os oye a la legua, y mira que la música está alta.
Las perspectivas han cambiado para él. Se apoya en la barra. Cuenta los lazos que recorren la espalda de Matilde, acaba con el whisky, enciende un cigarro. Un segundo cigarro. Un tercer cigarro.
- ¿Tenéis pastel de queso?
- Sí.
Minutos después Matilde recibe el pastelito, junto a una nota que dice: “Te recomiendo que no grites tanto, luce más. Te estoy esperando”. Se acerca con el pastelito a la barra.
- ¿Todavía no te has dado cuenta, necesitas más pruebas?
No necesita pruebas. Pero Matilde sigue gustándole, sólo es eso.
- Explícame cómo van tus adelantos con el micrófono, ¿qué tal cantas? En definitiva es lo que cuenta, ¿no?
- No creas, también hay que saber moverse.
Javi se la mira de arriba abajo. Deja la copa. - Ya me parecía. Pero eso nunca lo has hecho mal, vaya, al menos conmigo.
- No me harás reír con tus gracias, ¿tú que te crees, tío?
- Afilas demasiado la lengua.
- Y tú otras cosas.
Es un callejón sin salida. Javi se mantiene en una pose que en cualquier momento se evaporará sin más. Matilde a su vez aprendió hace tiempo lo que eran tablas, le sorprendería verse a sí misma en otra actitud. Apenas les separan unos quince centímetros.
- Whisky.
- Otro para mí. ¿Es bueno, tu disco?
- Al menos es coherente.
Miran los alrededores.
- ¿Quieres conocer a mi familia? Pululan todos por aquí.
- ¿Tu familia? ¿Te has casado?
- Ven, son muy simpáticos.
- Hola Tito.
- ¿Qué tal, Matilde? ¿Se conocen, Javi?
- No que yo sepa.
- Os presento. Matilde Esmero, la nueva sensación del pop español.
- Del pop y de lo que quieras. Encantadísimo de conocerte. Te vi por la tele, eres todavía más guapa al natural... No hace falta que le digas quién soy yo, no lo estropees.
- ¿Cómo que no? Bartolomé Casero, el tío de Javi.
- ¿De Venezulela, no? Te delata el acento. ¿Así que era cierto? Vaya, llegué a creer que hasta lo de la radio había sido un montaje.
- ¿Y Federico?
Bartolomé les conduce por unos tortuosos vericuetos hasta llegar a una recogida sala de baile. - En mi último paseo con Tito les vimos aquí, a él y a tu madre.
Y ahí siguen, bailando.
- Parece que no tienen ninguna prisa por dejarlo. - Javi abre los ojos exagerando el gesto. Ríe. - Dime, Matilde, ¿qué opinas del espectáculo que da mi madre?
- Opino que eres un estúpido. Estoy cansada y aburrida, es tarde, me largo.
- ¿Estarás por aquí unos días?
- Supongo, ¿vosotros también? - Matilde dirige la mirada a Bartolomé.
- Pero Javi, ¿no vas a acompañar a la muchacha?
- Para qué, ¿no ves que me rehuye?
- ¿Cómo que para qué? - A Bartolomé tanta desfachatez le saca de sus casillas, y además ha ingerido lo suyo. - Niña, ¿vas a irte sola por ahí?
- ¿Y tú qué propones?
- Si te parece inapropiado que yo... ¿Te molesta que te acompañe? No puedo permitir que te vayas sola, en mi país esas cosas no se pueden tolerar.
- Muchas gracias, será un placer.
Javi regresa a la barra.
- Whisky, sin hielo.
Mira a su madre. “¿Soy un estúpido? ¿Dónde hay una chica bonita? Venga, va... una, dos o tres, venga.”
“¡Fuera! ¡Vaya morros que echo! Esa hija de la gran p... cualquier día me la cepillo, y punto. Veremos si no se derrite.” Javi sale del lavabo y se estira en la cama. Se entretiene con una revista. Regresa al espejo. “Qué dices, guapo, sólo era la impresión del cambio, así es como mola. Tú mismo. ¿Con el cabello hacia atrás? ¿Hacia delante? No. Pero cortando estas puntas... Mierda, ya me he pasado.”
Va en busca de su tío.
- ¿Te apetece dar una vuelta, conocer algún sitio de Madrid? ¿Has ido al Prado?
- Javi, lo siento, gracias, pero le prometí a tu amiga que la acompañaría a comprarse un vestido... ¡Te has quitado el bigote! ¿Cómo haces eso?
- ¿Vas de compras con Matilde?
- Sí, con Matilde, no sé cómo salió, fue así, mira. ¿Quieres venir?
- ¿Yo? Lo tienes claro. Ya sabes cómo son las niñas con la ropita.
- Sí... yo en eso me parezco a las mujeres.
- Y Federico, ¿dónde está?
- Creo que paseando con tu madre.
Javi ha ido a parar a la barra de un local muy concurrido. Allí deja que transcurra la noche.
Una chica no muy agraciada a su izquierda parece que se aburre. La observa.
- Oye, ¿estás inquieta?
Ella no contesta.
- Oye, esperar es un rollo... Los bolsillos no me dan para mucho más, se evapora la pasta que da gusto. ¿Me invitas? Yo bebo whisky, o coñac, o cerveza... ¡Guapa, dime algo! Me canso de estar sentado todo el rato en la misma postura, ¿tú no?
Por si el panorama no estuviera lo suficientemente turbio sin necesidad de más complicaciones, la tarde ha sido desastrosa. Tito no quiere saber nada de Federico.
- Déjame.
- Umm, tienes una vocecita... ¿No se te ha ocurrido cantar? - Javi intenta observarla con detenimiento. Le cuesta concentrarse. - Mira, te cuento. Tú escucha. Has de quitarte unos kilitos, eso es importante. Y te cambias ese modelo tan feo de gafas. Déjame ver, levántate... bueno, es igual. Un modelito es importante, claro, si quieres mi tío te acompaña a comprarlo, o no, déjalo... ¿A ver, canta?
La chica empieza a sentirse cohibida. - Por favor, déjame tranquila.
Tito no quiere que Federico salga a un escenario, que no le necesitan para nada, dice. Aún gracias si aparece en el disco. - ¿Por qué? ¿Tú que harías en mi lugar? Estoy harto de todos, si te contara... Matilde es una... mi madre otra. Y esos ni te cuento...
Javi deja de contarle porque sus ojos no acaban de encajar la figura que se le está aproximando.
- Oye, habla conmigo, por favor, dime algo, que se acerca algo semejante al demonio si mis ojos no me engañan, me persigue, te lo juro, es inaudito.
¿Edu? ¿Edi?
- Dime al menos cómo te llamas.
- Esmeralda.
- Qué bonito, qué hermosura, qué belleza de nombre, y tu voz, oye, sí, te llamas Esmeralda...
Se arrima todo lo que puede a la chica, pero ya está saludándole un tercero.
- ¡Javi, tío, Javi Piedr!
- ¡Tú por aquí! ¿De dónde has salido?
- Hemos venido a un festival de rock, nos seleccionaron, ¿sabes, tío? Es que como no muevas el culo...
- Bueno, que tengáis suerte. Nos vemos.
- Tío, hay que celebrarlo, te invito a un whisky, y a tu amiga, ¿sabes? Soy Edi, un colega de la profesión, ¿y tú?
- Esmeralda.
- Vendréis a vernos, ¿verdad? Estamos en casa de mi hermano, si queréis venir... Me vendí la moto para tener pasta, ¿sabes? Esto es importante, no veas, tío.
- Eso.
- Tío, caña que vamos a dar.
- A vuestra salud. ¿Vendrás, Esmeralda? Tiene un conjunto potente, de verdad, que te lo digo yo. ¿Vamos a por otro?
- Tío, mola el whisky. ¿Otro, Esmeralda? Aunque la birra sale más barata.
Sí, un cambio de aires le sentaría bien.
- ,Cómo te va la vida, mamá?
- Muy bien, hijo, ¿por qué lo preguntas?
Javi repite las palabras de su madre entonando la melodía de “Asturias”. Ella sigue arreglándose el cabello y no le hace demasiado caso.
- ¿Qué me dices?
- ¿Qué quieres que te diga?
- Mañana me largo a Valencia.
- Muy bien.
- ¿Me darás dinero?
- A ver cuándo te desenvuelves por ti mismo, ¿qué pasa con el disco?
- Lo mismo digo, ¿ya no le interesa a Federico?
- Pregúntaselo a él. Yo creo que sí, sí, claro que le interesa.
- Como no dé guerra se quedará sin él.
- ¿Es una amenaza?
- ¡Una amenaza! Me preocupo y dices que amenazo, ¡que amenazo! Anda... iros a...
- Estás un poco violento últimamente, no es propio de ti.
- ¿Cuándo os casáis?
A Rosa se le cae el peine de las manos. - ¿Quieres comportarte? ¡Como se te escape alguna delante de Federico no te paso más pasta! Javi, te aviso.
- Tú dame dinero para Valencia. Comprende que sin actuaciones no veo un duro, y del anterior disco a estas alturas ya no cae gran cosa...
- ¿Qué vas a hacer allí?
- Voy a un festival de rock.
- ¿Has vuelto con tu grupo?
- Qué va, voy por distraerme, por salir de aquí.
- Si no has parado... ¿Dices que vas a un festival de rock? Habla con tu tío, me parece que él también ha dicho algo de un festival en Valencia, no sé.
A Javi qué le importa lo que haya dicho su tío.
- Creo que aquí tienes a tu amado, ¿le oyes?, sus pasos son inconfundibles. Yo me largo, os dejo tranquilitos. Quién lo iba a decir...
Federico abre la puerta.
- ¡Hola!
Ve una cara de circunstancias en Javi.
- ¿Molesto?
- Yo me iba, adiós.
Javi regresa a su habitación. Un rato después llega Federico. Se sienta a los pies de la cama. Es cierto, ha de reconocer que ha descuidado un poco sus deberes profesionales, y el chico se ha dado cuenta, ¿qué va a pensar de él? ¿Dónde tiene la cabeza?
- Javi, notarás que algunas cosas están cambiando.
- Noto que no huele a carajillo, y no sé qué es mejor. ¿Qué perfume usa?
- Me ha dicho Rosa que estás un poco agresivo, ¿te importa que te lo diga?
- Para nada.
- Ya habrás visto que tu madre no me es indiferente.
- Veo que se llevan muy bien.
- Sí. - Federico sonríe. Su vida en la capital de España está siendo un paraíso. - Es una mujer...
- No me lo diga, es mi madre.
- Por supuesto, Javi. Muy bien, dejemos el tema. Yo venía a preguntarte por el disco.
- ¿Y qué quiere saber?
- Pues eso, que... ¿no sería conveniente que ensayáramos? La verdad, con lo que grabamos yo no sé muy bien qué es lo que tendré que cantar. Ya sé que no me he mostrado lo suficientemente interesado últimamente, pero podrías comprenderlo...
- Déjelo ahora, estoy cansado, con resaca, ¿qué quiere que le cuente? Váyase a dar una vuelta con mi madre.
- ¿Ves, Esmeralda? Más o menos va por ahí la cosa, has de ir como esa chica. A tu aire, claro, pero no con estas falditas, nena, que me da un no sé qué ir a tu lado...
- ¿De verdad quieres que cante?
- Supongo que a mí me da igual, si lo digo por ti. Algo tendrás que hacer.
- Estudio biología.
- ¿Biología? Podrías escribir unas letras originales.
Esmeralda no está acostumbrada a este tipo de congregaciones juveniles. No entiende cómo se ha dejado arrastrar hasta Valencia. Javi es guapo, y hace días que se cuestiona el tiempo que pasa encerrada entre los libros.
- ¿Qué toca Edi?
- Lo ignoro. Se está bien aquí.
No se sabe la de gente que hay reunida en el recinto ni la de potencia que se necesita para que retumben así los bafles.
- Me he hecho viejo demasiado pronto. Este olor... ¿te gusta el ambiente? Mira qué escenario... mira las multitudes...
- Es Edi...
- Sí, tienes razón.
- ¡Vamos a primera fila!
- Estoy nerviosa.
- Tranquilízate, niña, lo harás muy bien, ya verás, ¡si eres estupenda!
- Gracias, y tú muy bueno. Es que es mi primera actuación en público, de verdad que estoy nerviosa.
- ¡Ya lo veo, no paras! Esta música no es para mí.
- ¡Claro que sí, Bartolomé! Déjate llevar. Cuando yo salga bailarás, ¿eh?, y gritarás, y me silbarás, ¿eh? Somos los mejores y esta es una actuación especial, es para promocionar el nuevo disco, ¿me entiendes?, es una buena ocasión para que la gente nos oiga, eso han dicho los promotores.
- Entonces tranquilízate. Pero tú me prometes que vendrás a ver a Federico, seguro que él lo necesitará más que tú.
- Vamos a beber.
- ¿Alcohol? De eso nada.
- ¡Sólo un poquito! ¡Hay que ponerse a tono!
Unos segundos de silencio. Y, tras ellos, una voz que inunda el recinto.
- ¿TENEIS SED?
- ¡SIII !
- ¡ENTONCES A BERBERRRR!
- ¡SIII !
- ¡PORQUE AHORA TENEMOS AQUÍ A ... !
- ¡Nosotros, Bartolomé, nosotros, corre a primera fila, y aplaude! ¡Sílbame!
- ¡Suerte...!
Matilde le da un beso efusivo y corre al escenario.
Javi se descompone en pedazos con los primeros acordes. Le hacen daño. Le atacan. Le hieren. Demasiado tiempo alejado de los escenarios, y el sonido particular de esas guitarras entrañables tan cerca de él ahora. Ha de reaccionar. Agarra a Esmeralda, la besa con una fuerza que a su vez descompone en pedacitos a la chica.
- Javi...
Javi se pierde en esos labios mientras los acordes le persiguen a traición. Matilde sube al escenario. Se acerca al micrófono. Empieza a cantar.
Javi sumergido en el beso. Toca a la muchacha, la toca y la araña como en sus tardes de adolescencia. Deja de oír.
Matilde ha trabajado duro para llegar a dar la talla. Su felicidad no tiene límites. Hay tanta gente mirándola. Sí, Matilde está gustando, la gente la acepta, ¡la gente la aplaude! Gracias, gracias. Mira a sus compañeros, dirige grandes sonrisas al público. Allí, en primera fila, Javi abrazado a una chica, como si no la viera. El muy imbécil, imbécil, imbécil, mierda, qué pretende.
- Cristhy, ¿podemos tocar un tema viejo?
- ¡Qué dices!
- ¡A la gente le gustará!
- ¿Pero sabrás hacerlo?
- ¿Yo? ¡Claro que sí, por fa! “Mi Voz”, va, por fa.
“¿Qué se ha creído esa niña, usurparme mis canciones, mis canciones...? ¡Eres una zorra, Matilde!”
- ¿Ves esa nena? Esa es una zorra.
- ¿Quién es?
- Nadie. ¿Quieres saber quién soy yo, Esmeralda?
Esmeralda no sabe en qué tono contestar, ni con qué palabras. Ella no le conoce, claro.
- Tú espera aquí. Ahora me verás.
- No me dejes sola...
- Ahora me verás, en serio.
Javi se dirige a la parte posterior del escenario.
- Déjame pasar, soy Javi Piedr.
- Tu cara me suena, ¿qué quieres?
- Que me dejes pasar, te digo, soy el cantante del grupo. ¡Va, tío, que he de subir!
- Creía que la cantante era esa chica que ves al micrófono. Espera un momento, voy a consultar. Tú, controla aquí.
Javi sigue descomponiéndose, de ira. Qué descaro, la tía.
- Sube. ¿Estaba preparado, esto?
No contesta. Se agencia un micro por el camino. Echa una ojeada a sus compañeros. ¿Dónde está Richi? Se acerca a Matilde, agarra su mano... y canta.
Canta, Javi canta.
- Mi Voz y mi paSSiooo oooooooooooo oooooónnnnnnnn..., mis geSStos en ti, SSoy tu bendiciooooooo ooooooooo ooooónnnnnnnnn... Mi Voooooooooooo ooooooooooo oooooooooooooo oooooooooooooooooooooo oooooooooo ooooooooooooooooo ooooooo oooozzzzzzzzzzzz eSS mi paSSiooooooooo oooooooooooooo oooooooooooooooooooooooo uuuuuuuuuuuuu unnnnnn...
- ¿De qué vas...?
- Calla y canta, mujer.
Javi se adueña del escenario, como en sus mejores conciertos. Gira sobre sí mismo, salta hacia atrás, se toca el pelo, mueve convulsivamente la cabeza a izquierda y a derecha, acerca el micro a sus colegas y sonríe, grita, grita, y la gente se enfurece con él, enloquecen, se entusiasman. Matilde intenta seguirle, jugar a hacer coros, diferenciar su voz femenina, defender su puesto. Los aplausos son lo suficientemente significativos, Javi sabe asumirlos con todo su carisma. Javi, Javi.
- Buenas noches, je, je, gracias, muchísimas gracias, eeeeeeeooooooo, buenas noches a todos. - Sonríe.- Muñequita, ¿cantamos a dúo? Toni, la de “Consuélate”.
- Tío, que actúa más gente.
Un par de espléndidos saltos bastan para que se renueven los gritos entre el público. “Soy yo, soy único.”
- ¿Lo ves, nena?
Si algo pretendía Javi lo ha conseguido. Si pretendía hundir a Matilde no ha podido ser más oportuno. Si quería lucirse, lo ha hecho a la perfección. Si buscaba recobrar el éxito tiene el público a sus pies. Recibe los aplausos con una gracia especial, convencido. Se entrega, nadie puede dudarlo, se entrega. Sabe entregarse.
- Quedaréis en buen lugar, Matilde, te lo aseguro.
La coge con fuerza para llevársela fuera del escenario.
Javi ha recobrado su potencia, su personalidad. Tiene que ir empujando a la gente que le asedia con vivas y preguntas para salir adelante. Con Matilde arrastras.
- ¡Déjame! ¡Suéltame, tío!
Matilde está llorando.
- No, no, no...
Javi la acaricia. Le acaricia las mejillas, los hombros, la abraza un poquito, la acaricia...
- Déjame, déjame...
- No, no puedo.
- ¿Qué más quieres todavía?
- Matilde...
Y Javi la abraza.
- Javi, mierda, ¡déjame!
- Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero.
- No sé qué quieres, cuéntaselo a otro, por favor, déjame...
- No, abrázame. No quería hacerte daño, de verdad.
- Largo, vete, ¿no tienes suficiente?
- Quédate conmigo. Ven, ven aquí, estremécete junto a mí...
- ¿Que me estremezca, yo? ¡Explícame de una puñetera vez qué pretendes conmigo!No te entiendo, de verdad, ¡no te he pedido nada, nada! ¡Vete!
¿Para qué hablar?¿Es un combate perdido? ¿Cuánto hace que Matilde dejo de...?
- Te lo pido yo...
- ¿A qué juegas? ¿Por qué?
Javi besa a la muchacha.
Ella se deja vencer.
Se estremecen juntos.
- Tienes las mejillas sonrojadas, qué bonita.
- ¿Satisfecho?
- ¿Nos vamos de aquí?
- Vete tú, yo tengo cosas que hacer. Aunque lo hayas olvidado éste era mi debut... Hasta otra... Creo que te has dejado a alguien por ahí.
- ¡Estúpida, no me he dejado a nadie por ahí! ¡Espérame...! Va...
V
Comen lo que sea alrededor de un mármol desgastado. Están cansados. No fueron a recibirles. Bartolomé lo prefiere así, es mejor esperar un poco antes de emprender sus funciones de portavoz.
- ¿Qué haremos ahora?
Federico se encuentra en una nube con forma de plato de callos. El tenedor y el pan entran y salen de su boca con una rapidez asombrosa. No es que tenga hambre, lo que más le importa en este momento es atender al diálogo de sus compañeros sin separar los ojos del plato.
- ¿No tienes ganas de ver a mi madre?
- Sí, desde luego.
- Pues vayamos a Málaga. Mejor instalarnos primero, ¿no os parece? Ese se va a creer que nos tiene a su merced si nos quedamos en Madrid.
- ¿De quién hablas?
- De Tito. Además, hemos de preparar muchas cosas... En Málaga trabajaremos más a gusto.
- Es muy razonable lo que dices.
Federico también lo cree así, muy razonable. ¿A qué tiene miedo?
- Tu hijo es un muchacho estupendo.
- Me alegra que digas eso, me quitas un peso de encima. Sufría pensando en la de disgustos que podía darte, él va a la suya y...
- Mujer, que te lo he dicho en serio, ¡si supieras lo que ha hecho por nosotros!
- Desde el momento en que partió a Venezulela... Aunque desde luego su actitud fue muy extraña, mira que abandonar a su grupo por una invitación tuya, no sé, la verdad, después de tantos años con ellos... no lo he podido entender. Y qué, ¿te has animado a venir de vacaciones? Llevas demasiado tiempo fuera, ya te lo dije entonces. En fin, al menos me harás compañía un tiempecito, ¿eh?
- Yo, y Federico, y Javi también, ya verás, que es un buen muchacho.
- ¿Quién es Federico?
- Mi vecino, o lo era en Venezulela. Vendrá dentro de un rato, decía que no quería entorpecer un reencuentro familiar, es un hombre muy correcto. Estamos aquí por él. Aunque deberíamos estar en las Américas Norteñas, pero Javi decidió que era más seguro venir a España. Fue un golpe muy duro.
- ¿Y qué teníais que hacer en las Américas Norteñas? ¿También de vacaciones...?
- No, cantar.
- ¿Cantar?
- Sí.
- Bueno, bueno, ¿para eso queríais a Javi, para que cantara?
- No, quien tenía que cantar era Federico. Han acabado haciéndolo los dos.
- Es el colmo, estás hecho una caja de sorpresas. Y ahora me dirás que tú tocas la guitarra, o una batería de esas...
- En primer lugar no se tocan instrumentos aquí, se trata de aparatos electrónicos... Y en realidad yo sólo quería ayudar a Federico, intentaba orientarle, por eso llamé a Javi. Piensa que es muy difícil tirar adelante en este oficio, así por las buenas.
- Yo poco puedo pensar, sólo conozco lo que hace mi hijo con su grupo.
- Mira, ahora tendré oportunidad de escucharles.
- No tengas prisa, no tocan precisamente para nosotros.
- Eso desde luego, hacen música muy complicada.
- Yo no sé ni si es música ni si es complicada, sólo sé que es el oficio de mi hijo y que parece que lo tiene muy claro. Están llamando, ¿será tu amigo?
- Supongo.
Rosa abre la puerta a Javi y a una cara nueva. Ahora le parece que entiende de dónde ha sacado el chico su bigote.
- Os presento. Rosa Casero, mi madre. Este señor es Federico.
- Mucho gusto.
- Encantada. Pasa, estás en tu casa.
Rosa sirve otras dos tazas de café. Federico observa a la mujer, hacía tiempo que no... Javi saca el coñac del mueble bar.
- Bartolomé me ha explicado que habéis venido a grabar un disco, y que tú eres el cantante.
¿Será la primera vez que alguien llama a Federico cantante?
- Pues sí, lo soy. Lo somos los dos, tu hijo y yo, y tu hermano es nuestro portavoz. Se lo ha ganado a pulso.
- Bartolomé, por cierto, ¿qué has hecho con tu carpintería?
- La vendí. Necesitábamos capital, y no tenía ahorrado el suficiente.
- O sea que ahora vives de rentas, como quien dice.
- Sí.
- Pero pronto ganaremos dinero, ¿verdad, Javi?
Javi levanta la copa. - En eso estamos.
- ¿Más café?
- Por mí no, muchísimas gracias, es un poquito fuerte para mí.
- Me da pena que vendieras tu carpintería, parecía que le tenías mucha afición.
- Sí, es cierto.
Javi ha preparado una suculenta cena a base de huevos fritos con chorizo, ensalada, queso, pimientos y algunas cosas más. Extiende el mantel que le regalara su madre en algún aniversario, barre el suelo y se sienta a descansar.
En el periódico anuncian la actuación de su grupo.
Se entretiene barriendo el resto del piso. Está lleno de polvo y huele todavía a cerrado. Abre todas las ventanas.
Federico, Bartolomé y su hermana llegan de dar un paseo por la ciudad.
- Qué, ¿os lo habéis pasado bien?
- Es muy bonita esta tierra, muchacho.
- ¿Ah, sí?
- ¿A que no te imaginas dónde nos ha llevado tu madre? ¡A la casa donde nacimos! Te juro que me he emocionado, esa placita tan renacuaja...
- Qué, ¿cenamos? Tome asiento, Federico. Mamá, tío.
Regresa de la cocina con una bandeja de huevos decorados exquisitamente. Y dos botellas de vino tinto. Ensalada, más huevos, más chorizo, más botellas.
Rosa está contenta con su hijo, a fin de cuentas ha vuelto a su lado, con su hermano y con Federico. Está bien acompañada. Hacía tiempo que no recibía tantas atenciones. Luce un vestido estampado en tonos azules que le da un aspecto verdaderamente juvenil.
A Federico, con los calores, el vino, el empacho, el coñac, se le escapan algunas miradas.
Rosa Casero las recibe con satisfacción. Son muy discretas.
Cuando está absolutamente convencido de que no van a verle Federico mira incluso sus piernas, y en algún momento un poquito más abajo del cuello. Entonces le da corriendo a la copa porque la situación es insostenible. Le ahoga la cabeza de su difunta, le ahoga su responsabilidad profesional, le ahogan Bartolomé y su sobrino. Le pica el bigote, la nariz, le aprietan los zapatos con los que por cierto ha ganado lo justo en esbeltez.
La madre de Javi es toda una señora. “¿Qué pinta aquí una señora? ¿Dónde me la meto?”
- Bartolomé, ¿qué hora es?
- ¿Hora? ¡La tele! ¡Va a salir el grupo de Javi, lo he visto anunciado esta mañana!
Desde luego Javi siente una peligrosa curiosidad. Enciende el aparato.
- Así que va a salir tu grupo... ¿cuándo lo grabasteis?
- No lo sé, supongo que presentarán el nuevo disco, yo no salgo. ¿Sabes quién canta, mamá? Matilde, ¿te acuerdas de ella?
- Pues claro, Matilde, se trata de su amiga. ¿Y cómo ha sido eso? ¡Calla, calla! ¿No sois vosotros...?
Miran todos a la pantalla.
- Sí, son ellos.
Con Matilde Espero ante el micrófono.
- ¡Pues vaya amigas que tienes, ya me la presentarás!
Javi sigue mirando la pantalla. Matilde con el cabello púrpura, Matilde con el corpiño blanco.
Matilde está guapísima, sensacional.
Baila que da gusto verla.
A Javi también se le va concentrando el alcohol en la cabeza.
- Asco de temas...
- ¿Qué dices?
No contesta. El teléfono, el teléfono.
- ¿Está Matilde?
- Un momento. Eres Javi, ¿verdad?
- ¿Dígame?
- ¿Qué haces?
- Me estoy grabando en vídeo. No sé si sabes que por la tele...
- Te estoy viendo.
- ¿Y qué te parece?
- No estás mal.
- Gracias. Te oí en la radio. Entonces entendí lo de New York. Por cierto, ¿estás por aquí?
- Sí, vamos a grabar un disco.
- ¿Tu disco, ese que surgió a raíz de no sé qué tonadilla?
- Sí, exactamente.
- Ya. Lástima por lo de New York, parecía divertido.
- ¿Cómo van vuestras giras?
- A punto para empezar. Ya te dije lo de los festivales, ¿verdad? ¿O sea que no vas a New York?
- De momento no.
- ¿Sabes que haremos una gira por México?
- Sí. ¿Haces algo, luego?
- Pues sí, lo siento. Oye, perdona, cuelgo, es que quiero verme.
- Os presento. Tetito Bega. Mi madre, Rosa Casero. Federico Bompito, el cantante. Bartolomé Casero, mi tío, además de nuestro portavoz.
La emoción se cuela en el aire.
Bartolomé recuerda la imagen de aquellos trampolines que penden en piscinas con poca profundidad, algo que siempre le ha atemorizado. Hay que lanzarse a la primera, o nunca.
- Señor Bega, hemos venido desde Venezulela a grabar un disco. Javi nos informó de su interés por nuestra música. Creo que antes de seguir adelante tendríamos que considerar las condiciones de un posible contrato.
- Pero tutéame, por favor.
- Muy bien, Tetito.
- Tito.
- De acuerdo. Tito, en primer lugar, ¿es cierto que estás interesado por nuestra música?
- Sí, ya se lo dije a Javi, es muy interesante.
- Y te interesaría entonces que hiciéramos un disco.
- Si, eso le propuse a Javi, me interesa.
- Muy bien, necesitará un nombre. Pensemos.
Tras un buen rato de discusiones Federico y Javi toman su decisión. El disco se llamará “Nunca jamás te elevarás a los Cielos (al paso de mi Amor)”. El segundo punto lo plantea directamente Federico, su mayor ilusión sería estrenar el disco ofreciendo una actuación, a poder ser por todo lo alto. Tetito Bega, sin embargo, no está tan dispuesto a mostrar en vivo y en directo la estampa de este señor.
- ¡Por fin lucirá sus pantalones, Federico!
- Javi, es más de lo que podía soñar, es es... no sé explicarlo.
- Señores, ¿no os parece que ya es hora de ir a celebrar estos acuerdos? Tenemos mucho tiempo por delante para seguir discutiendo los detalles. ¿Firmas aquí, Javi? Es un momento, nos vamos ya.
- No, Tito, tal como bien has dicho nos quedan los detalles.
Se trata de una de las cenas más románticas que se han dado en la vida de Federico y Bartolomé. Federico empieza a saborear algo de lo que debe ser el triunfo, sí, es una manera de traspasar las puertas del restaurante y que alguien se encargue de pedir un reservado.
Brindan, ríen y alzan las manos por cualquier motivo, gesticulan con entusiasmo, embriagan sus sentidos y sorprenden a Tetito Bega con sus expresiones.
Javi, estimulado, levanta su copa cuantas veces son necesarias, y más.
Son felices.
Rosa también.
El peregrinaje musical se le hace duro, no está Bartolomé hecho a la medida de las nuevas discotecas. Le explotan las orejas, tanta tele junta le abruma y no tiene dónde sentarse. Por lo visto Javi sólo se interesa en conversar con su copa.
Federico y Rosa se acercan demasiado el uno al otro cada vez que hablan.
A Bartolomé no le toca más remedio, si quiere distraerse, que conversar con Tito.
- ¿Así que es aquí donde se reúnen los artistas?
Rosa se sentiría cohibida en este sitio si no fuera porque las atenciones de Federico la cobijan.
- ¿Tú crees? Ya podemos dar una educación a nuestros hijos que mira qué hacen con ella, ¿a ti te parece que este lugar puede agradar a una persona con un mínimo de sensatez? ¡Es para volverse loca!
- Yo opino que depende de las condiciones en que la persona se encuentre. A mí, por ejemplo, me gusta este lugar y cualquier otro. Es decir, que donde estés tú, ahí me tienes más fino y campante que...
- Federico, ¿qué estás bebiendo?
- Algo que me da fuerzas, Rosa.
Y Federico piensa en las Américas Norteñas con una mueca de burla.
- Rosa, España es un país precioso, ya me lo dijo tu hermano.
Bartolomé, Javi, y ahora Rosa, Rosa Casero. ¿Rosa Bompito?
- Discúlpame, he de pasar por el servicio.
¿Rosa Casero? ¿Rosa Bompito? Federico quiere reaccionar pero ya no puede, ni remojándose la cara. Se la comería. Esa mujer...
- Sí, ahora iremos a ese Festival.
- Y cuéntanos, cuéntanos unas cosillas. Tetito Bega nos ha explicado que vas lanzada al estrellato. ¿Crees que en el panorama del pop español hacen falta más mujeres como tú, mujeres explosivas, con decisión, capaces de apostar radicalmente por la música arriesgándolo todo a una sola carta? ¿Crees que faltan mujeres con inteligencia y aplomo suficiente para dar a los grupos su sello personal?
- Hemos querido huir del concepto. Nosotros queremos igualarnos a los grupos del Reino Unido, no queremos ser una banda de pueblo, ni unos graciosos. Hay mucho niñato y niñata entre los grupos españoles, por no decir que todos lo son. Nosotros apostamos por la buena música, y no nos importa que nos tilden de distintos, de ir a contracorriente. Hay que arriesgarse, sí.
Esa es la voz de Matilde, imposible que se trate de otra. Javi deja de dar vueltas, se le acerca por detrás.
- Matilde...
- Hola, luego hablamos, dentro de un momentito, me están haciendo una entrevista.
- No lo dudo, se os oye a la legua, y mira que la música está alta.
Las perspectivas han cambiado para él. Se apoya en la barra. Cuenta los lazos que recorren la espalda de Matilde, acaba con el whisky, enciende un cigarro. Un segundo cigarro. Un tercer cigarro.
- ¿Tenéis pastel de queso?
- Sí.
Minutos después Matilde recibe el pastelito, junto a una nota que dice: “Te recomiendo que no grites tanto, luce más. Te estoy esperando”. Se acerca con el pastelito a la barra.
- ¿Todavía no te has dado cuenta, necesitas más pruebas?
No necesita pruebas. Pero Matilde sigue gustándole, sólo es eso.
- Explícame cómo van tus adelantos con el micrófono, ¿qué tal cantas? En definitiva es lo que cuenta, ¿no?
- No creas, también hay que saber moverse.
Javi se la mira de arriba abajo. Deja la copa. - Ya me parecía. Pero eso nunca lo has hecho mal, vaya, al menos conmigo.
- No me harás reír con tus gracias, ¿tú que te crees, tío?
- Afilas demasiado la lengua.
- Y tú otras cosas.
Es un callejón sin salida. Javi se mantiene en una pose que en cualquier momento se evaporará sin más. Matilde a su vez aprendió hace tiempo lo que eran tablas, le sorprendería verse a sí misma en otra actitud. Apenas les separan unos quince centímetros.
- Whisky.
- Otro para mí. ¿Es bueno, tu disco?
- Al menos es coherente.
Miran los alrededores.
- ¿Quieres conocer a mi familia? Pululan todos por aquí.
- ¿Tu familia? ¿Te has casado?
- Ven, son muy simpáticos.
- Hola Tito.
- ¿Qué tal, Matilde? ¿Se conocen, Javi?
- No que yo sepa.
- Os presento. Matilde Esmero, la nueva sensación del pop español.
- Del pop y de lo que quieras. Encantadísimo de conocerte. Te vi por la tele, eres todavía más guapa al natural... No hace falta que le digas quién soy yo, no lo estropees.
- ¿Cómo que no? Bartolomé Casero, el tío de Javi.
- ¿De Venezulela, no? Te delata el acento. ¿Así que era cierto? Vaya, llegué a creer que hasta lo de la radio había sido un montaje.
- ¿Y Federico?
Bartolomé les conduce por unos tortuosos vericuetos hasta llegar a una recogida sala de baile. - En mi último paseo con Tito les vimos aquí, a él y a tu madre.
Y ahí siguen, bailando.
- Parece que no tienen ninguna prisa por dejarlo. - Javi abre los ojos exagerando el gesto. Ríe. - Dime, Matilde, ¿qué opinas del espectáculo que da mi madre?
- Opino que eres un estúpido. Estoy cansada y aburrida, es tarde, me largo.
- ¿Estarás por aquí unos días?
- Supongo, ¿vosotros también? - Matilde dirige la mirada a Bartolomé.
- Pero Javi, ¿no vas a acompañar a la muchacha?
- Para qué, ¿no ves que me rehuye?
- ¿Cómo que para qué? - A Bartolomé tanta desfachatez le saca de sus casillas, y además ha ingerido lo suyo. - Niña, ¿vas a irte sola por ahí?
- ¿Y tú qué propones?
- Si te parece inapropiado que yo... ¿Te molesta que te acompañe? No puedo permitir que te vayas sola, en mi país esas cosas no se pueden tolerar.
- Muchas gracias, será un placer.
Javi regresa a la barra.
- Whisky, sin hielo.
Mira a su madre. “¿Soy un estúpido? ¿Dónde hay una chica bonita? Venga, va... una, dos o tres, venga.”
“¡Fuera! ¡Vaya morros que echo! Esa hija de la gran p... cualquier día me la cepillo, y punto. Veremos si no se derrite.” Javi sale del lavabo y se estira en la cama. Se entretiene con una revista. Regresa al espejo. “Qué dices, guapo, sólo era la impresión del cambio, así es como mola. Tú mismo. ¿Con el cabello hacia atrás? ¿Hacia delante? No. Pero cortando estas puntas... Mierda, ya me he pasado.”
Va en busca de su tío.
- ¿Te apetece dar una vuelta, conocer algún sitio de Madrid? ¿Has ido al Prado?
- Javi, lo siento, gracias, pero le prometí a tu amiga que la acompañaría a comprarse un vestido... ¡Te has quitado el bigote! ¿Cómo haces eso?
- ¿Vas de compras con Matilde?
- Sí, con Matilde, no sé cómo salió, fue así, mira. ¿Quieres venir?
- ¿Yo? Lo tienes claro. Ya sabes cómo son las niñas con la ropita.
- Sí... yo en eso me parezco a las mujeres.
- Y Federico, ¿dónde está?
- Creo que paseando con tu madre.
Javi ha ido a parar a la barra de un local muy concurrido. Allí deja que transcurra la noche.
Una chica no muy agraciada a su izquierda parece que se aburre. La observa.
- Oye, ¿estás inquieta?
Ella no contesta.
- Oye, esperar es un rollo... Los bolsillos no me dan para mucho más, se evapora la pasta que da gusto. ¿Me invitas? Yo bebo whisky, o coñac, o cerveza... ¡Guapa, dime algo! Me canso de estar sentado todo el rato en la misma postura, ¿tú no?
Por si el panorama no estuviera lo suficientemente turbio sin necesidad de más complicaciones, la tarde ha sido desastrosa. Tito no quiere saber nada de Federico.
- Déjame.
- Umm, tienes una vocecita... ¿No se te ha ocurrido cantar? - Javi intenta observarla con detenimiento. Le cuesta concentrarse. - Mira, te cuento. Tú escucha. Has de quitarte unos kilitos, eso es importante. Y te cambias ese modelo tan feo de gafas. Déjame ver, levántate... bueno, es igual. Un modelito es importante, claro, si quieres mi tío te acompaña a comprarlo, o no, déjalo... ¿A ver, canta?
La chica empieza a sentirse cohibida. - Por favor, déjame tranquila.
Tito no quiere que Federico salga a un escenario, que no le necesitan para nada, dice. Aún gracias si aparece en el disco. - ¿Por qué? ¿Tú que harías en mi lugar? Estoy harto de todos, si te contara... Matilde es una... mi madre otra. Y esos ni te cuento...
Javi deja de contarle porque sus ojos no acaban de encajar la figura que se le está aproximando.
- Oye, habla conmigo, por favor, dime algo, que se acerca algo semejante al demonio si mis ojos no me engañan, me persigue, te lo juro, es inaudito.
¿Edu? ¿Edi?
- Dime al menos cómo te llamas.
- Esmeralda.
- Qué bonito, qué hermosura, qué belleza de nombre, y tu voz, oye, sí, te llamas Esmeralda...
Se arrima todo lo que puede a la chica, pero ya está saludándole un tercero.
- ¡Javi, tío, Javi Piedr!
- ¡Tú por aquí! ¿De dónde has salido?
- Hemos venido a un festival de rock, nos seleccionaron, ¿sabes, tío? Es que como no muevas el culo...
- Bueno, que tengáis suerte. Nos vemos.
- Tío, hay que celebrarlo, te invito a un whisky, y a tu amiga, ¿sabes? Soy Edi, un colega de la profesión, ¿y tú?
- Esmeralda.
- Vendréis a vernos, ¿verdad? Estamos en casa de mi hermano, si queréis venir... Me vendí la moto para tener pasta, ¿sabes? Esto es importante, no veas, tío.
- Eso.
- Tío, caña que vamos a dar.
- A vuestra salud. ¿Vendrás, Esmeralda? Tiene un conjunto potente, de verdad, que te lo digo yo. ¿Vamos a por otro?
- Tío, mola el whisky. ¿Otro, Esmeralda? Aunque la birra sale más barata.
Sí, un cambio de aires le sentaría bien.
- ,Cómo te va la vida, mamá?
- Muy bien, hijo, ¿por qué lo preguntas?
Javi repite las palabras de su madre entonando la melodía de “Asturias”. Ella sigue arreglándose el cabello y no le hace demasiado caso.
- ¿Qué me dices?
- ¿Qué quieres que te diga?
- Mañana me largo a Valencia.
- Muy bien.
- ¿Me darás dinero?
- A ver cuándo te desenvuelves por ti mismo, ¿qué pasa con el disco?
- Lo mismo digo, ¿ya no le interesa a Federico?
- Pregúntaselo a él. Yo creo que sí, sí, claro que le interesa.
- Como no dé guerra se quedará sin él.
- ¿Es una amenaza?
- ¡Una amenaza! Me preocupo y dices que amenazo, ¡que amenazo! Anda... iros a...
- Estás un poco violento últimamente, no es propio de ti.
- ¿Cuándo os casáis?
A Rosa se le cae el peine de las manos. - ¿Quieres comportarte? ¡Como se te escape alguna delante de Federico no te paso más pasta! Javi, te aviso.
- Tú dame dinero para Valencia. Comprende que sin actuaciones no veo un duro, y del anterior disco a estas alturas ya no cae gran cosa...
- ¿Qué vas a hacer allí?
- Voy a un festival de rock.
- ¿Has vuelto con tu grupo?
- Qué va, voy por distraerme, por salir de aquí.
- Si no has parado... ¿Dices que vas a un festival de rock? Habla con tu tío, me parece que él también ha dicho algo de un festival en Valencia, no sé.
A Javi qué le importa lo que haya dicho su tío.
- Creo que aquí tienes a tu amado, ¿le oyes?, sus pasos son inconfundibles. Yo me largo, os dejo tranquilitos. Quién lo iba a decir...
Federico abre la puerta.
- ¡Hola!
Ve una cara de circunstancias en Javi.
- ¿Molesto?
- Yo me iba, adiós.
Javi regresa a su habitación. Un rato después llega Federico. Se sienta a los pies de la cama. Es cierto, ha de reconocer que ha descuidado un poco sus deberes profesionales, y el chico se ha dado cuenta, ¿qué va a pensar de él? ¿Dónde tiene la cabeza?
- Javi, notarás que algunas cosas están cambiando.
- Noto que no huele a carajillo, y no sé qué es mejor. ¿Qué perfume usa?
- Me ha dicho Rosa que estás un poco agresivo, ¿te importa que te lo diga?
- Para nada.
- Ya habrás visto que tu madre no me es indiferente.
- Veo que se llevan muy bien.
- Sí. - Federico sonríe. Su vida en la capital de España está siendo un paraíso. - Es una mujer...
- No me lo diga, es mi madre.
- Por supuesto, Javi. Muy bien, dejemos el tema. Yo venía a preguntarte por el disco.
- ¿Y qué quiere saber?
- Pues eso, que... ¿no sería conveniente que ensayáramos? La verdad, con lo que grabamos yo no sé muy bien qué es lo que tendré que cantar. Ya sé que no me he mostrado lo suficientemente interesado últimamente, pero podrías comprenderlo...
- Déjelo ahora, estoy cansado, con resaca, ¿qué quiere que le cuente? Váyase a dar una vuelta con mi madre.
- ¿Ves, Esmeralda? Más o menos va por ahí la cosa, has de ir como esa chica. A tu aire, claro, pero no con estas falditas, nena, que me da un no sé qué ir a tu lado...
- ¿De verdad quieres que cante?
- Supongo que a mí me da igual, si lo digo por ti. Algo tendrás que hacer.
- Estudio biología.
- ¿Biología? Podrías escribir unas letras originales.
Esmeralda no está acostumbrada a este tipo de congregaciones juveniles. No entiende cómo se ha dejado arrastrar hasta Valencia. Javi es guapo, y hace días que se cuestiona el tiempo que pasa encerrada entre los libros.
- ¿Qué toca Edi?
- Lo ignoro. Se está bien aquí.
No se sabe la de gente que hay reunida en el recinto ni la de potencia que se necesita para que retumben así los bafles.
- Me he hecho viejo demasiado pronto. Este olor... ¿te gusta el ambiente? Mira qué escenario... mira las multitudes...
- Es Edi...
- Sí, tienes razón.
- ¡Vamos a primera fila!
- Estoy nerviosa.
- Tranquilízate, niña, lo harás muy bien, ya verás, ¡si eres estupenda!
- Gracias, y tú muy bueno. Es que es mi primera actuación en público, de verdad que estoy nerviosa.
- ¡Ya lo veo, no paras! Esta música no es para mí.
- ¡Claro que sí, Bartolomé! Déjate llevar. Cuando yo salga bailarás, ¿eh?, y gritarás, y me silbarás, ¿eh? Somos los mejores y esta es una actuación especial, es para promocionar el nuevo disco, ¿me entiendes?, es una buena ocasión para que la gente nos oiga, eso han dicho los promotores.
- Entonces tranquilízate. Pero tú me prometes que vendrás a ver a Federico, seguro que él lo necesitará más que tú.
- Vamos a beber.
- ¿Alcohol? De eso nada.
- ¡Sólo un poquito! ¡Hay que ponerse a tono!
Unos segundos de silencio. Y, tras ellos, una voz que inunda el recinto.
- ¿TENEIS SED?
- ¡SIII !
- ¡ENTONCES A BERBERRRR!
- ¡SIII !
- ¡PORQUE AHORA TENEMOS AQUÍ A ... !
- ¡Nosotros, Bartolomé, nosotros, corre a primera fila, y aplaude! ¡Sílbame!
- ¡Suerte...!
Matilde le da un beso efusivo y corre al escenario.
Javi se descompone en pedazos con los primeros acordes. Le hacen daño. Le atacan. Le hieren. Demasiado tiempo alejado de los escenarios, y el sonido particular de esas guitarras entrañables tan cerca de él ahora. Ha de reaccionar. Agarra a Esmeralda, la besa con una fuerza que a su vez descompone en pedacitos a la chica.
- Javi...
Javi se pierde en esos labios mientras los acordes le persiguen a traición. Matilde sube al escenario. Se acerca al micrófono. Empieza a cantar.
Javi sumergido en el beso. Toca a la muchacha, la toca y la araña como en sus tardes de adolescencia. Deja de oír.
Matilde ha trabajado duro para llegar a dar la talla. Su felicidad no tiene límites. Hay tanta gente mirándola. Sí, Matilde está gustando, la gente la acepta, ¡la gente la aplaude! Gracias, gracias. Mira a sus compañeros, dirige grandes sonrisas al público. Allí, en primera fila, Javi abrazado a una chica, como si no la viera. El muy imbécil, imbécil, imbécil, mierda, qué pretende.
- Cristhy, ¿podemos tocar un tema viejo?
- ¡Qué dices!
- ¡A la gente le gustará!
- ¿Pero sabrás hacerlo?
- ¿Yo? ¡Claro que sí, por fa! “Mi Voz”, va, por fa.
“¿Qué se ha creído esa niña, usurparme mis canciones, mis canciones...? ¡Eres una zorra, Matilde!”
- ¿Ves esa nena? Esa es una zorra.
- ¿Quién es?
- Nadie. ¿Quieres saber quién soy yo, Esmeralda?
Esmeralda no sabe en qué tono contestar, ni con qué palabras. Ella no le conoce, claro.
- Tú espera aquí. Ahora me verás.
- No me dejes sola...
- Ahora me verás, en serio.
Javi se dirige a la parte posterior del escenario.
- Déjame pasar, soy Javi Piedr.
- Tu cara me suena, ¿qué quieres?
- Que me dejes pasar, te digo, soy el cantante del grupo. ¡Va, tío, que he de subir!
- Creía que la cantante era esa chica que ves al micrófono. Espera un momento, voy a consultar. Tú, controla aquí.
Javi sigue descomponiéndose, de ira. Qué descaro, la tía.
- Sube. ¿Estaba preparado, esto?
No contesta. Se agencia un micro por el camino. Echa una ojeada a sus compañeros. ¿Dónde está Richi? Se acerca a Matilde, agarra su mano... y canta.
Canta, Javi canta.
- Mi Voz y mi paSSiooo oooooooooooo oooooónnnnnnnn..., mis geSStos en ti, SSoy tu bendiciooooooo ooooooooo ooooónnnnnnnnn... Mi Voooooooooooo ooooooooooo oooooooooooooo oooooooooooooooooooooo oooooooooo ooooooooooooooooo ooooooo oooozzzzzzzzzzzz eSS mi paSSiooooooooo oooooooooooooo oooooooooooooooooooooooo uuuuuuuuuuuuu unnnnnn...
- ¿De qué vas...?
- Calla y canta, mujer.
Javi se adueña del escenario, como en sus mejores conciertos. Gira sobre sí mismo, salta hacia atrás, se toca el pelo, mueve convulsivamente la cabeza a izquierda y a derecha, acerca el micro a sus colegas y sonríe, grita, grita, y la gente se enfurece con él, enloquecen, se entusiasman. Matilde intenta seguirle, jugar a hacer coros, diferenciar su voz femenina, defender su puesto. Los aplausos son lo suficientemente significativos, Javi sabe asumirlos con todo su carisma. Javi, Javi.
- Buenas noches, je, je, gracias, muchísimas gracias, eeeeeeeooooooo, buenas noches a todos. - Sonríe.- Muñequita, ¿cantamos a dúo? Toni, la de “Consuélate”.
- Tío, que actúa más gente.
Un par de espléndidos saltos bastan para que se renueven los gritos entre el público. “Soy yo, soy único.”
- ¿Lo ves, nena?
Si algo pretendía Javi lo ha conseguido. Si pretendía hundir a Matilde no ha podido ser más oportuno. Si quería lucirse, lo ha hecho a la perfección. Si buscaba recobrar el éxito tiene el público a sus pies. Recibe los aplausos con una gracia especial, convencido. Se entrega, nadie puede dudarlo, se entrega. Sabe entregarse.
- Quedaréis en buen lugar, Matilde, te lo aseguro.
La coge con fuerza para llevársela fuera del escenario.
Javi ha recobrado su potencia, su personalidad. Tiene que ir empujando a la gente que le asedia con vivas y preguntas para salir adelante. Con Matilde arrastras.
- ¡Déjame! ¡Suéltame, tío!
Matilde está llorando.
- No, no, no...
Javi la acaricia. Le acaricia las mejillas, los hombros, la abraza un poquito, la acaricia...
- Déjame, déjame...
- No, no puedo.
- ¿Qué más quieres todavía?
- Matilde...
Y Javi la abraza.
- Javi, mierda, ¡déjame!
- Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero.
- No sé qué quieres, cuéntaselo a otro, por favor, déjame...
- No, abrázame. No quería hacerte daño, de verdad.
- Largo, vete, ¿no tienes suficiente?
- Quédate conmigo. Ven, ven aquí, estremécete junto a mí...
- ¿Que me estremezca, yo? ¡Explícame de una puñetera vez qué pretendes conmigo!No te entiendo, de verdad, ¡no te he pedido nada, nada! ¡Vete!
¿Para qué hablar?¿Es un combate perdido? ¿Cuánto hace que Matilde dejo de...?
- Te lo pido yo...
- ¿A qué juegas? ¿Por qué?
Javi besa a la muchacha.
Ella se deja vencer.
Se estremecen juntos.
- Tienes las mejillas sonrojadas, qué bonita.
- ¿Satisfecho?
- ¿Nos vamos de aquí?
- Vete tú, yo tengo cosas que hacer. Aunque lo hayas olvidado éste era mi debut... Hasta otra... Creo que te has dejado a alguien por ahí.
- ¡Estúpida, no me he dejado a nadie por ahí! ¡Espérame...! Va...
Historia de un cantante - IV
Historia de un cantante que quiso triunfar en Las Américas.
IV
Hola Javi:
He escuchado la cinta que me enviaste, ¿es tuya? ¿Tú solito la has hecho?
Es interesantemente sensacional, de una absolutamente brillante ejecución y está diseñada milimétricamente para transportar originalidad, radical y crucial, con una filosofía abierta de fusión contemporánea, aunque tal vez falte un pelín de profundidad en el contexto rítmico teniendo en cuenta que las relaciones con el mundo exterior son constantes y progresivas, obligándote a resolver la supervivencia de un modo integrativo, neurótico por momentos, fascinante en esa lucha invertedera por afianzarte en los motivos básicos de la composición. Te lo repito: es sensacionalmente interesante.
- Óigame con atención.
Federico observa una serie de agujeros en los zapatos de Javi.
- Si no le gusta mi estilo... lo dejamos y punto.
Le sorprende el contraste que se da entre las manos de Javi y el resto de su cuerpo. Esas manos son un oasis de perfección.
La habitación se está quedando en penumbra. A Federico le asusta la imagen seca y rotunda del muchacho con los ojos clavados en la mesa. Pasan un rato abstraídos con los ruidos de la calle.
- Creo que tu música es buena aunque yo no la capte. Bartolomé puede tener razón, no somos nadie para coartarte. Eres joven, haces música de tu tiempo. - Mira con desaliento a Javi. - En la juventud está la vida. No lo olvides, muchacho.
- Yo he hecho mi parte, Federico. Ahora le toca a usted... si dice que está dispuesto. En esta cinta está grabada la música con mi voz. Estudie los temas, y cante, practique hasta aburrirlo.
- De acuerdo. Pero, ¿me pasarás a mí también luego por esos cacharritos?
- Sí, es muy posible. Ahora olvídelo, concéntrese en su trabajo. Va, póngase los cascos.
Federico se instala cómodamente en la hamaca. Aprieta el PLAY. Espera. Escucha.
Por la noche, en la cama, los auriculares siguen a ambos lados de su cabeza.
Por la mañana regresa a la hamaca.
- Federico, ¿se puede saber qué te ocurre? ¿Tanta afición has tomado por esos cacharritos? ¡Federico!
- ¿Dime?
- ¿No te cansarás nunca de esos cascos? ¿Quieres comer algo?
- Sí.
- Pues dame el trasto.
- Ten, escúchalo, Bartolomé, tu sobrino es un as.
- No hay quién te entienda, hace cuatro días pensabas lo contrario.
- Han ocurrido cosas importantes desde entonces... He oído la voz de tu sobrino, es excepcional...
- ¿Sí, te ha gustado?
- ¡Mucho, muchísimo! ¿Cómo se me ocurrió que yo podía cantar? ¡Cómo se me pudo ocurrir! Vaya par de payasos que estamos hechos.
- No digas eso.
- E C O , E C O , eeeCooo, eeCCOOOSSS. En La La Laea LaeLa LaraLará feria un caba cabba ba ba ba caba LLi LLiLLi LLi TOOOO hay que atrapaRRRRRRRRR, RRRRRRRR.
Javi baja el brazo. Federico cierra la boca. Javi sube el brazo. Federico abre la boca.
- E C O S, Ecccoo oooooooo ooooSSSSSSS SSSSSS SSSSSc LLLamoroSSS SoSS SSSSSS de una Llamadaaaaaaa aaaaa AAAAAAAAA AAAAAAAAAAA aaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaa aaoooooooooo oooooooo...
Javi baja el brazo.
- ¿He desafinado?
- No hay problema.
- ¿Lo he hecho bien?
- No importa, le he dicho. Escuche.
Conecta unos botones, toca unas teclitas y Federico oye la voz de un niño cantando.
- Qué curioso, ¿es mi voz?
Javi sigue tocando teclas. Reaparece Federico.
- Sí, es su voz.
Javi va trabajando. Pasan las horas. Federico espera.
- ¿Recuerda lo que le dije? Lento, muy lento, ¿lo ve? Evocador, elegíaco. Venga, va.
- A a A aaaaa aaaaaaaa aaaaaaa aaaaaaaaaaaaaLL LLLLLLLLLLLos cieLLLLLLLoSSSS SSSSSSSSSS SSSSSSSSSSSSSSSe eLLLevaaa...
Javi baja el brazo.
- Repetimos. Más lento.
Son unas duras jornadas de trabajo. Pero vale la pena el esfuerzo.
Por las noches a Federico le cuesta dormir, la impaciencia le corroe.
- Bartolomé, ¿soñamos despiertos? El futuro nos pisa los talones.
- ¿No estás satisfecho?
- ¡Claro que sí, cómo se te ocurre dudarlo!
- ¿Cuándo nos iremos?
- Cantar es una experiencia sublime... ¿cuándo? Pronto llegará el momento. ¿Te gusta cómo ha quedado mi voz? ¿te gusta? ¿Crees que estoy a la altura de Javi?
- Creo que eres magnífico, sí.
- ¿Te parece que tengo talento?
- Hasta para repartirlo si quieres.
- Se lo debo a él. Te confesaré algo...
- Dime.
- Entré en una tienda de discos con nuestra grabación. Le di una propinilla a la dependienta para que la oyera con la excusa de si podía decirme de qué se trataba. Entiéndeme, yo quería estudiar cómo reaccionaba.
- ,Y...?
- Claro que somos unos payasos, porque no sabemos nada de nada... pero tu sobrino es astuto. ¿Sabes qué me dijo la dependienta? ¡Me dijo que aquella música hacía furor en el Norte! Dijo que la llamaban NUEVA ERA COSMICA.
Hola Javi:
Te envío una entrevista, escucharon tu maqueta en Radio Nacional y les pareció muy interesante, muy elaborada, dicen que por favor les grabes tus respuestas, ¿lo harás?
Aquí estamos dispuestísimos a producirte el disco, ¿por qué no te vienes? ¡Pasa ya de tu tío! ¡Que lo tuyo es serio, y necesitamos músicos como tú, interesantes!
Piénsatelo, ¡decídete!
Federico peina hacia ambos lados su bigote. Observa en el espejo su barriga, la palpa, se concentra en ella. Recorre con los dos pulgares la cintura de su pantalón...
Bartolomé se acerca también al espejo.
- Yo no tengo la ropa adecuada.
- Y yo no acabo de estar satisfecho con estos pantalones. La talla... es desde que perdí barriga que no...
- Pues nada, deja de preocuparte, vamos a por otros. Además, no tienes suficiente con un par de pantalones. En primer lugar no sabemos con quién vamos a tratar. Hemos de contar, por ejemplo, con un modelo de corte clásico, no podemos presentarnos en según qué sitios con... Hagamos recuento: ¿cómo estás de calcetines?
- Bien.
- ¿Cuántos tienes sin agujeros?
- No lo sé... ya compraremos.
- Zapatos...
- Con falso tacón.
- ¿Toallas?
- Hombre, tengo muchas por estrenar. A mi difunta le gustaba llenar el armario de toallas, y de manteles y cosas así. Manías.
- Y una maquinilla de afeitar.
- ¿Para qué? Barberos los hay en todas partes y en eso nadie me hará cambiar.
- Pero Federico, para el viaje, no podemos ir sin una maquinilla, hay que tener un cuidado tremendo con el aspecto.
- Quiero una camisa que haga juego con mis pantalones.
- Tenemos una entrevista.
- ¿Una entrevista, ya? ¿Cuándo?
- Escucharon la maqueta en Radio Nacional. Les gustó... Ahora mismo si quieren, está grabada.
- Javi, olvidamos con tanta rapidez que en España eres famoso... ¿seguro que la entrevista no es sólo para ti?
- Claro, usted ha de hablar de ”Asturias”, Federico, explicar de dónde surgió y esas cosas.
- Si tú lo dices... ¡Nos va a escuchar toda España!
- ¿Adelante, entonces?
- Por mí sí.
- Yo también estoy dispuesto.
Javi aprieta el PLAY. Oyen la primera pregunta.
- “Ultradigma” comienza hoy con una entrevista sorpresa. Hoy tenemos con nosotros nada más y nada menos que a Javi Piedr. Cuéntanos, ¿es cierto que está apuntísimo de salir un nuevo disco del grupo y... nada más y nada menos que con una cantante femenina al frente, para más señas llamada Matilde Esmero?
Aprieta el STOP. El RECORD.
- Que yo no he participado en nada.
STOP. PLAY.
- Cuéntanos, cuéntanos unas cosillas, que lo tuyo es serio. Desapareces del mapa, y de pronto descubrimos a través de Tetito Bega que estás en Venezulela nada más y nada menos que con una maqueta llena de temillas absolutamente preciosos, superinteresantes, y que quieres largarte por ahí con tus composiciones bajo el brazo, ¿pretendes abandonarnos? Cuéntanos, ¿de dónde surgió este giro radical que se ha operado en tu carrera? ¿Opinas que el pop no puede ofrecerte ya más salidas? ¿Crees necesario seguir investigando al acecho de nuevos canales de expresión, apuntándote al carro de las nuevas tecnologías? ¿De dónde partió la idea de hacer este disco?
STOP.
- Habla tú ahora. - RECORD - Es mi tío, la cosa vino de él.
- Debería ser Federico quien hablara. Federico es mi vecino, nuestro vecino, quiero decir. Un gran amigo. Siempre tuvo la ilusión de cantar...
- Bartolomé me dijo que había escrito a un sobrino suyo para que viniera, que era cantante y me ayudaría... Me sentó muy mal, yo estaba entonces haciendo gestiones para comprar una tonadilla, “Asturias”. Y nada, que se presentó el chico. Eso fue hacia Enero. Y me enseñó a cantar, la de cosas que me ha enseñado. El es un gran cantante.
- Javi se encerró en los estudios con sus cacharritos. A partir de ese momento, ¿cómo lo dirías tú?, se desconectó de nosotros, no nos explicaba nada. Sólo sé que se iba quedando chupado, seco. Bebía mucho.
- Era dramático.
- Crucemos los dedos, todavía no ha pasado por el barbero...
Javi aprieta el STOP.
- ¡Tío, por favor, concéntrate en el tema!
Vuelve a conectar.
- Después Javi nos explicó que había hecho música electroacústica, si no digo mal. Lo que tampoco es mucho decir...
- Una dura experiencia.
- ¡Qué caray, aquí estamos!
Desconecta.
- ¿Vamos a por otra pregunta?- Tendrás planes para el futuro... ¿Piensas seguir en esta línea de innovación, con la mente abierta a todo tipo de influencias, haciendo esa música realmente maravillosa, interesantísima, radical, absolutamente magistral, increíble, o por el contrario pretendes volver a tus orígenes, para enriquecerlos con esta nueva experiencia?
- De momento hemos de tirar adelante con estos temas, ya veremos lo que el futuro nos depara.
- Háblanos, háblanos de esas influencias. Me parece que tú eres de los que defienden romper con los moldes, abrir la mente a nuevas alternativas vanguardistas y anticonvencionales, descubrir otros campos para la experimentación. Si mal no recuerdo, en una ocasión te oía decir que “hay que luchar para olvidar o la tradición nos aplastará”. ¿Entre qué gente te has movido? ¿Has conectado con grupos interesantes?
- He conocido a un grupo... no sé cómo se llaman. Dan mucha caña. En general abundan los niñatos, lo doy por seguro.
- ¿Qué opinas de tu carrera de compositor nada más y nada menos que desde la perspectiva de este nuevo y realmente interesante disco? ¿Vale la pena arriesgarse por esos mundos de la vanguardia y la investigación?
- Creo que mi carrera, tanto la de cantante como la de compositor, ha sido coherente y seguirá siendo coherente en el futuro. Eso dalo por supuesto. Creo que mi carrera, tomada en la perspectiva de cualquier momento histórico desde el que la quieras tomar, goza de una coherencia muy coherente, creo que mi carrera puede presumir de coherencia.
Aprieta el STOP. - ¿Tenéis algo que añadir?
- Has hablado muy bien, Javi.
Hola Tito:
¿Va en serio lo del disco? ¿Qué garantías puedes darme? No me van a faltar las ofertas, es un asunto serio. No es que me vayan detrás, no quiero marcarme faroles, pero sé que en cuanto nos movamos algo surgirá.
Ya me dirás con qué puedo contar por vuestra parte.
- Javi, ¿nos vamos ya?
- ¿Cuándo nos vamos?
- Hemos de esperar.
- ¿Por qué, tienes gestiones pendientes?
Javi se lo piensa un poco antes de hablar. - ¿Os importaría mucho alterar nuestro destino?
- ¿Qué quieres decir?
- ¿Te estás echando atrás?
- No, no tiene nada que ver. - Javi no sabe cómo plantearlo - No basta con disponer de unos buenos temas y de toda la ilusión del mundo cuando no te conoce nadie.
- Pero a ti sí te conocen...
- ¡En mi país, sí! Y precisamente por eso deberíamos aprovecharlo. ¿Qué sentido tiene lanzarnos a una aventura perdida rehusando el aval que podrían ofrecernos desde España?
- Pues nada, pídeles el aval.
- No es tan sencillo. En España se ofrecen a editarnos el disco, quieren que vayamos.
- ¿A España?
- Sí.
Bartolomé se ajusta la correa. Sale a la calle, recorre plazas y tabernas. Va echando vistazos aquí y allá pero no encuentra a Federico. “¿Dónde se habrá metido ese condenado? No son horas para tenerme preocupado.”
Opta por recorrer la playa, sin éxito. Refresca. No estaría mal tomarse un coñac.
Ni dos.
Regresa a casa con algunas dificultades. Por el camino se lo encuentra, por fin. Se dan un largo apretón de manos y juntos observan las moscas que pululan alrededor de la farola.
Caminan un rato en silencio.
Bartolomé empieza a silbar. Federico se pone a cantar.
- ... Porque mis pasos retrocedieron en Asturias. Fue tu impiedaaaaaaaaaaaaaaaaa. Y fue mi amor hasta la muerteeeeeee...
Cantan y silban hasta toparse con las puertas de sus respectivas casas. Bartolomé echa una mirada al estado de su vecino y decide asegurarse de que no se quedará roncando en alguna silla. Entran juntos en la casa. Y caen alrededor de la mesa. Sin demasiadas ganas de ayudarse mutuamente a levantarse.
- Bartolomé...
Federico alza la vista. Da un puñetazo en la mesa. Su rostro ha adquirido una gran tensión.
- Federico, España es un país bonito... allí está mi familia.
Federico tarda en responder. Cuando lo hace le tiemblan las manos.
- También las cenizas de mi difunta... descansan en España... creo...
- Allí viví mi infancia...
Hola Javi:
Considera esta carta oficial.
En cuanto vengas editamos el disco, ¿quieres que te envíe el billete?
Escuché la entrevista, veo que estás muy enrollado con tu parentela.
Eso, ¡decídete!
- Federico, si usted fuera una niña con las tetas grandes le diría que adelante con las Américas Norteñas, aunque desde luego seguiría habiendo muchas posibilidades de que nos enviaran a comprar chupa-chups.
- Deben tener unos porteros muy atareados. Vosotros los jóvenes mitificáis las cosas.
- Va, levántese de la cama... Le devuelvo sus consejos, vaya al barbero.
Su punto flaco.
- Si vienes tú conmigo.
- ¿Yo? Bueno, de acuerdo.
Recogen a Bartolomé y entran los tres en la barbería.
- ¿Podremos actuar en España?
- ¡Claro! Ya se encargará Tito de promocionarnos.
- ¿Quién es Tito?
- Algo así como mi representante. El que nos hizo llegar la entrevista.
- Entonces ya no me necesitaréis a mí...
- ¿Por qué?
- Quería ser vuestro representante.
- Serás nuestro portavoz.
A Javi le han dejado sin barba. Pero le queda el bigote. No sabe qué hacer.
- ¿Tendremos público en España, eh, Javi? Porque no te creas, que yo me he informado, y en las Américas Norteñas sí que lo íbamos a tener.
- ¿Qué les pasa? ¿A qué viene tantas dudas? ¿No quería cantar, Federico?
- Olvídalo, Javi, yo le entiendo, es que eso de España no...
- Déjalo, Bartolomé, no tiene importancia, iremos contigo a España, si es que nos quieren.
Salen del barbero con olor a Floid. Javi va palpando su bigote. No sabe todavía si le gusta.
Hola Tito:
De acuerdo, acepto.
Envíame tres billetes, no lo olvides.
- ¡Hola! ¿Está Javi?
- Sí, pasa, pasa, ¿quién eres tú?
- Edi, un colega, ¿sabes? Nos vimos el otro día, casualidad, tío, y yo le seguí la pista, es fácil. Toco en un grupo, ¿sabes? Javi es... ¡hola!
- ¿Qué haces aquí?
- Eso, que me dieron tu dirección en la discográfica.
- Muy listo.
Lo primero que mete en la maleta Federico son sus pantalones de gala. Después la camisa blanca con bordados, los zapatos nuevos, cuatro pares de calcetines por estrenar. Despacio, aprovechando todos los rincones. La maleta de su viaje de novios. Le produce un no sé qué.
Se mete en casa de Bartolomé a curiosear.
Bartolomé hace su maleta. Javi y un mozalbete muy extraño beben whisky.
- ¡Hola, Federico! No conoce a éste, es Edu... dice que toca en un grupo.
- Mucho gusto.
- Igual. ¿No quieres whisky? Lo he traído porque sé que a Javi le va mucho, ¿sabes?
- Sí, sé. No quiero, gracias.
Federico se sienta.
- Ya me ha dicho que os largáis a España. Eso está bien, ¿sabes? No te puedes imaginar la de grupos potentes que corren por ahí. Y aquí con tanto niñato es que no se puede hacer nada. Ya verás, ¿sabes? nosotros también iremos a España, a un concurso, tío, a por todas, ¿cuánto te apuestas a que quedamos clasificados?
- Nada.
- ¿Tienes pensado dónde nos instalaremos?
- En mi casa, que por algo la pago.
- ¿Es tuya?
- Sí, sí, es importante tener una casa donde caer muerto sin que nadie te diga nada.
Federico piensa en su cama, el armario y la maleta.
Las manecillas del reloj sobrepasan las cinco. Federico vuelve a cambiar de postura. Media hora más tarde decide levantarse a por un vaso de leche bien caliente. Se oye el canto de algún gallo suelto. Y unas pocas gotas de lluvia. Refresca. “Mañana estaré impresentable.” En la mesa del comedor reposan la última botella de vino, un mendrugo de pan y restos de longaniza. Acaba con todo. Y regresa a la cocina a por más leche.
- Tú no has estado en España, ¿verdad, Federico?
- Verdad.
- Entonces no tiene sentido que te diga que está muy cambiada.
Tampoco hubiera servido de mucho que alguien se lo hubiera dicho a Bartolomé tres años antes. Fue demasiado duro el regreso en aquella ocasión. “Pero en tres años ya no puede cambiar tanto, imposible.” El recorrido en avión es largo, muy largo. “¿Vendrán a recibir a Javi al aeropuerto?” Disimuladamente se palpa la cara y nota sus arrugas. Mira a Federico, mira a su sobrino, ve su bigote y regresa al de Federico. Son bien distintos. “¿Qué edad tiene Javi...? Tampoco hace buena cara, que digamos, ¿será la responsabilidad? “Se ha portado bien con nosotros. Y es un muchacho razonable en el fondo, ¿qué íbamos a hacer en las Américas Norteñas? ¿Le vendrán a recibir? ¿Cómo nos tratarán a nosotros?” Bartolomé está un poco amedrentado. Se trata de un viaje largo, y él es demasiado viejo. Un viaje tan largo...
- Federico, ¿estás de humor para jugar a las cartas? Federico, ¿duermes?
- Casi, son tantas horas de viaje...
- Sí.
- Baraja tú.
- ¿Puedo yo también?
Venezulela está quedando atrás y Federico no sabe si creerlo.
IV
Hola Javi:
He escuchado la cinta que me enviaste, ¿es tuya? ¿Tú solito la has hecho?
Es interesantemente sensacional, de una absolutamente brillante ejecución y está diseñada milimétricamente para transportar originalidad, radical y crucial, con una filosofía abierta de fusión contemporánea, aunque tal vez falte un pelín de profundidad en el contexto rítmico teniendo en cuenta que las relaciones con el mundo exterior son constantes y progresivas, obligándote a resolver la supervivencia de un modo integrativo, neurótico por momentos, fascinante en esa lucha invertedera por afianzarte en los motivos básicos de la composición. Te lo repito: es sensacionalmente interesante.
- Óigame con atención.
Federico observa una serie de agujeros en los zapatos de Javi.
- Si no le gusta mi estilo... lo dejamos y punto.
Le sorprende el contraste que se da entre las manos de Javi y el resto de su cuerpo. Esas manos son un oasis de perfección.
La habitación se está quedando en penumbra. A Federico le asusta la imagen seca y rotunda del muchacho con los ojos clavados en la mesa. Pasan un rato abstraídos con los ruidos de la calle.
- Creo que tu música es buena aunque yo no la capte. Bartolomé puede tener razón, no somos nadie para coartarte. Eres joven, haces música de tu tiempo. - Mira con desaliento a Javi. - En la juventud está la vida. No lo olvides, muchacho.
- Yo he hecho mi parte, Federico. Ahora le toca a usted... si dice que está dispuesto. En esta cinta está grabada la música con mi voz. Estudie los temas, y cante, practique hasta aburrirlo.
- De acuerdo. Pero, ¿me pasarás a mí también luego por esos cacharritos?
- Sí, es muy posible. Ahora olvídelo, concéntrese en su trabajo. Va, póngase los cascos.
Federico se instala cómodamente en la hamaca. Aprieta el PLAY. Espera. Escucha.
Por la noche, en la cama, los auriculares siguen a ambos lados de su cabeza.
Por la mañana regresa a la hamaca.
- Federico, ¿se puede saber qué te ocurre? ¿Tanta afición has tomado por esos cacharritos? ¡Federico!
- ¿Dime?
- ¿No te cansarás nunca de esos cascos? ¿Quieres comer algo?
- Sí.
- Pues dame el trasto.
- Ten, escúchalo, Bartolomé, tu sobrino es un as.
- No hay quién te entienda, hace cuatro días pensabas lo contrario.
- Han ocurrido cosas importantes desde entonces... He oído la voz de tu sobrino, es excepcional...
- ¿Sí, te ha gustado?
- ¡Mucho, muchísimo! ¿Cómo se me ocurrió que yo podía cantar? ¡Cómo se me pudo ocurrir! Vaya par de payasos que estamos hechos.
- No digas eso.
- E C O , E C O , eeeCooo, eeCCOOOSSS. En La La Laea LaeLa LaraLará feria un caba cabba ba ba ba caba LLi LLiLLi LLi TOOOO hay que atrapaRRRRRRRRR, RRRRRRRR.
Javi baja el brazo. Federico cierra la boca. Javi sube el brazo. Federico abre la boca.
- E C O S, Ecccoo oooooooo ooooSSSSSSS SSSSSS SSSSSc LLLamoroSSS SoSS SSSSSS de una Llamadaaaaaaa aaaaa AAAAAAAAA AAAAAAAAAAA aaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaa aaoooooooooo oooooooo...
Javi baja el brazo.
- ¿He desafinado?
- No hay problema.
- ¿Lo he hecho bien?
- No importa, le he dicho. Escuche.
Conecta unos botones, toca unas teclitas y Federico oye la voz de un niño cantando.
- Qué curioso, ¿es mi voz?
Javi sigue tocando teclas. Reaparece Federico.
- Sí, es su voz.
Javi va trabajando. Pasan las horas. Federico espera.
- ¿Recuerda lo que le dije? Lento, muy lento, ¿lo ve? Evocador, elegíaco. Venga, va.
- A a A aaaaa aaaaaaaa aaaaaaa aaaaaaaaaaaaaLL LLLLLLLLLLLos cieLLLLLLLoSSSS SSSSSSSSSS SSSSSSSSSSSSSSSe eLLLevaaa...
Javi baja el brazo.
- Repetimos. Más lento.
Son unas duras jornadas de trabajo. Pero vale la pena el esfuerzo.
Por las noches a Federico le cuesta dormir, la impaciencia le corroe.
- Bartolomé, ¿soñamos despiertos? El futuro nos pisa los talones.
- ¿No estás satisfecho?
- ¡Claro que sí, cómo se te ocurre dudarlo!
- ¿Cuándo nos iremos?
- Cantar es una experiencia sublime... ¿cuándo? Pronto llegará el momento. ¿Te gusta cómo ha quedado mi voz? ¿te gusta? ¿Crees que estoy a la altura de Javi?
- Creo que eres magnífico, sí.
- ¿Te parece que tengo talento?
- Hasta para repartirlo si quieres.
- Se lo debo a él. Te confesaré algo...
- Dime.
- Entré en una tienda de discos con nuestra grabación. Le di una propinilla a la dependienta para que la oyera con la excusa de si podía decirme de qué se trataba. Entiéndeme, yo quería estudiar cómo reaccionaba.
- ,Y...?
- Claro que somos unos payasos, porque no sabemos nada de nada... pero tu sobrino es astuto. ¿Sabes qué me dijo la dependienta? ¡Me dijo que aquella música hacía furor en el Norte! Dijo que la llamaban NUEVA ERA COSMICA.
Hola Javi:
Te envío una entrevista, escucharon tu maqueta en Radio Nacional y les pareció muy interesante, muy elaborada, dicen que por favor les grabes tus respuestas, ¿lo harás?
Aquí estamos dispuestísimos a producirte el disco, ¿por qué no te vienes? ¡Pasa ya de tu tío! ¡Que lo tuyo es serio, y necesitamos músicos como tú, interesantes!
Piénsatelo, ¡decídete!
Federico peina hacia ambos lados su bigote. Observa en el espejo su barriga, la palpa, se concentra en ella. Recorre con los dos pulgares la cintura de su pantalón...
Bartolomé se acerca también al espejo.
- Yo no tengo la ropa adecuada.
- Y yo no acabo de estar satisfecho con estos pantalones. La talla... es desde que perdí barriga que no...
- Pues nada, deja de preocuparte, vamos a por otros. Además, no tienes suficiente con un par de pantalones. En primer lugar no sabemos con quién vamos a tratar. Hemos de contar, por ejemplo, con un modelo de corte clásico, no podemos presentarnos en según qué sitios con... Hagamos recuento: ¿cómo estás de calcetines?
- Bien.
- ¿Cuántos tienes sin agujeros?
- No lo sé... ya compraremos.
- Zapatos...
- Con falso tacón.
- ¿Toallas?
- Hombre, tengo muchas por estrenar. A mi difunta le gustaba llenar el armario de toallas, y de manteles y cosas así. Manías.
- Y una maquinilla de afeitar.
- ¿Para qué? Barberos los hay en todas partes y en eso nadie me hará cambiar.
- Pero Federico, para el viaje, no podemos ir sin una maquinilla, hay que tener un cuidado tremendo con el aspecto.
- Quiero una camisa que haga juego con mis pantalones.
- Tenemos una entrevista.
- ¿Una entrevista, ya? ¿Cuándo?
- Escucharon la maqueta en Radio Nacional. Les gustó... Ahora mismo si quieren, está grabada.
- Javi, olvidamos con tanta rapidez que en España eres famoso... ¿seguro que la entrevista no es sólo para ti?
- Claro, usted ha de hablar de ”Asturias”, Federico, explicar de dónde surgió y esas cosas.
- Si tú lo dices... ¡Nos va a escuchar toda España!
- ¿Adelante, entonces?
- Por mí sí.
- Yo también estoy dispuesto.
Javi aprieta el PLAY. Oyen la primera pregunta.
- “Ultradigma” comienza hoy con una entrevista sorpresa. Hoy tenemos con nosotros nada más y nada menos que a Javi Piedr. Cuéntanos, ¿es cierto que está apuntísimo de salir un nuevo disco del grupo y... nada más y nada menos que con una cantante femenina al frente, para más señas llamada Matilde Esmero?
Aprieta el STOP. El RECORD.
- Que yo no he participado en nada.
STOP. PLAY.
- Cuéntanos, cuéntanos unas cosillas, que lo tuyo es serio. Desapareces del mapa, y de pronto descubrimos a través de Tetito Bega que estás en Venezulela nada más y nada menos que con una maqueta llena de temillas absolutamente preciosos, superinteresantes, y que quieres largarte por ahí con tus composiciones bajo el brazo, ¿pretendes abandonarnos? Cuéntanos, ¿de dónde surgió este giro radical que se ha operado en tu carrera? ¿Opinas que el pop no puede ofrecerte ya más salidas? ¿Crees necesario seguir investigando al acecho de nuevos canales de expresión, apuntándote al carro de las nuevas tecnologías? ¿De dónde partió la idea de hacer este disco?
STOP.
- Habla tú ahora. - RECORD - Es mi tío, la cosa vino de él.
- Debería ser Federico quien hablara. Federico es mi vecino, nuestro vecino, quiero decir. Un gran amigo. Siempre tuvo la ilusión de cantar...
- Bartolomé me dijo que había escrito a un sobrino suyo para que viniera, que era cantante y me ayudaría... Me sentó muy mal, yo estaba entonces haciendo gestiones para comprar una tonadilla, “Asturias”. Y nada, que se presentó el chico. Eso fue hacia Enero. Y me enseñó a cantar, la de cosas que me ha enseñado. El es un gran cantante.
- Javi se encerró en los estudios con sus cacharritos. A partir de ese momento, ¿cómo lo dirías tú?, se desconectó de nosotros, no nos explicaba nada. Sólo sé que se iba quedando chupado, seco. Bebía mucho.
- Era dramático.
- Crucemos los dedos, todavía no ha pasado por el barbero...
Javi aprieta el STOP.
- ¡Tío, por favor, concéntrate en el tema!
Vuelve a conectar.
- Después Javi nos explicó que había hecho música electroacústica, si no digo mal. Lo que tampoco es mucho decir...
- Una dura experiencia.
- ¡Qué caray, aquí estamos!
Desconecta.
- ¿Vamos a por otra pregunta?- Tendrás planes para el futuro... ¿Piensas seguir en esta línea de innovación, con la mente abierta a todo tipo de influencias, haciendo esa música realmente maravillosa, interesantísima, radical, absolutamente magistral, increíble, o por el contrario pretendes volver a tus orígenes, para enriquecerlos con esta nueva experiencia?
- De momento hemos de tirar adelante con estos temas, ya veremos lo que el futuro nos depara.
- Háblanos, háblanos de esas influencias. Me parece que tú eres de los que defienden romper con los moldes, abrir la mente a nuevas alternativas vanguardistas y anticonvencionales, descubrir otros campos para la experimentación. Si mal no recuerdo, en una ocasión te oía decir que “hay que luchar para olvidar o la tradición nos aplastará”. ¿Entre qué gente te has movido? ¿Has conectado con grupos interesantes?
- He conocido a un grupo... no sé cómo se llaman. Dan mucha caña. En general abundan los niñatos, lo doy por seguro.
- ¿Qué opinas de tu carrera de compositor nada más y nada menos que desde la perspectiva de este nuevo y realmente interesante disco? ¿Vale la pena arriesgarse por esos mundos de la vanguardia y la investigación?
- Creo que mi carrera, tanto la de cantante como la de compositor, ha sido coherente y seguirá siendo coherente en el futuro. Eso dalo por supuesto. Creo que mi carrera, tomada en la perspectiva de cualquier momento histórico desde el que la quieras tomar, goza de una coherencia muy coherente, creo que mi carrera puede presumir de coherencia.
Aprieta el STOP. - ¿Tenéis algo que añadir?
- Has hablado muy bien, Javi.
Hola Tito:
¿Va en serio lo del disco? ¿Qué garantías puedes darme? No me van a faltar las ofertas, es un asunto serio. No es que me vayan detrás, no quiero marcarme faroles, pero sé que en cuanto nos movamos algo surgirá.
Ya me dirás con qué puedo contar por vuestra parte.
- Javi, ¿nos vamos ya?
- ¿Cuándo nos vamos?
- Hemos de esperar.
- ¿Por qué, tienes gestiones pendientes?
Javi se lo piensa un poco antes de hablar. - ¿Os importaría mucho alterar nuestro destino?
- ¿Qué quieres decir?
- ¿Te estás echando atrás?
- No, no tiene nada que ver. - Javi no sabe cómo plantearlo - No basta con disponer de unos buenos temas y de toda la ilusión del mundo cuando no te conoce nadie.
- Pero a ti sí te conocen...
- ¡En mi país, sí! Y precisamente por eso deberíamos aprovecharlo. ¿Qué sentido tiene lanzarnos a una aventura perdida rehusando el aval que podrían ofrecernos desde España?
- Pues nada, pídeles el aval.
- No es tan sencillo. En España se ofrecen a editarnos el disco, quieren que vayamos.
- ¿A España?
- Sí.
Bartolomé se ajusta la correa. Sale a la calle, recorre plazas y tabernas. Va echando vistazos aquí y allá pero no encuentra a Federico. “¿Dónde se habrá metido ese condenado? No son horas para tenerme preocupado.”
Opta por recorrer la playa, sin éxito. Refresca. No estaría mal tomarse un coñac.
Ni dos.
Regresa a casa con algunas dificultades. Por el camino se lo encuentra, por fin. Se dan un largo apretón de manos y juntos observan las moscas que pululan alrededor de la farola.
Caminan un rato en silencio.
Bartolomé empieza a silbar. Federico se pone a cantar.
- ... Porque mis pasos retrocedieron en Asturias. Fue tu impiedaaaaaaaaaaaaaaaaa. Y fue mi amor hasta la muerteeeeeee...
Cantan y silban hasta toparse con las puertas de sus respectivas casas. Bartolomé echa una mirada al estado de su vecino y decide asegurarse de que no se quedará roncando en alguna silla. Entran juntos en la casa. Y caen alrededor de la mesa. Sin demasiadas ganas de ayudarse mutuamente a levantarse.
- Bartolomé...
Federico alza la vista. Da un puñetazo en la mesa. Su rostro ha adquirido una gran tensión.
- Federico, España es un país bonito... allí está mi familia.
Federico tarda en responder. Cuando lo hace le tiemblan las manos.
- También las cenizas de mi difunta... descansan en España... creo...
- Allí viví mi infancia...
Hola Javi:
Considera esta carta oficial.
En cuanto vengas editamos el disco, ¿quieres que te envíe el billete?
Escuché la entrevista, veo que estás muy enrollado con tu parentela.
Eso, ¡decídete!
- Federico, si usted fuera una niña con las tetas grandes le diría que adelante con las Américas Norteñas, aunque desde luego seguiría habiendo muchas posibilidades de que nos enviaran a comprar chupa-chups.
- Deben tener unos porteros muy atareados. Vosotros los jóvenes mitificáis las cosas.
- Va, levántese de la cama... Le devuelvo sus consejos, vaya al barbero.
Su punto flaco.
- Si vienes tú conmigo.
- ¿Yo? Bueno, de acuerdo.
Recogen a Bartolomé y entran los tres en la barbería.
- ¿Podremos actuar en España?
- ¡Claro! Ya se encargará Tito de promocionarnos.
- ¿Quién es Tito?
- Algo así como mi representante. El que nos hizo llegar la entrevista.
- Entonces ya no me necesitaréis a mí...
- ¿Por qué?
- Quería ser vuestro representante.
- Serás nuestro portavoz.
A Javi le han dejado sin barba. Pero le queda el bigote. No sabe qué hacer.
- ¿Tendremos público en España, eh, Javi? Porque no te creas, que yo me he informado, y en las Américas Norteñas sí que lo íbamos a tener.
- ¿Qué les pasa? ¿A qué viene tantas dudas? ¿No quería cantar, Federico?
- Olvídalo, Javi, yo le entiendo, es que eso de España no...
- Déjalo, Bartolomé, no tiene importancia, iremos contigo a España, si es que nos quieren.
Salen del barbero con olor a Floid. Javi va palpando su bigote. No sabe todavía si le gusta.
Hola Tito:
De acuerdo, acepto.
Envíame tres billetes, no lo olvides.
- ¡Hola! ¿Está Javi?
- Sí, pasa, pasa, ¿quién eres tú?
- Edi, un colega, ¿sabes? Nos vimos el otro día, casualidad, tío, y yo le seguí la pista, es fácil. Toco en un grupo, ¿sabes? Javi es... ¡hola!
- ¿Qué haces aquí?
- Eso, que me dieron tu dirección en la discográfica.
- Muy listo.
Lo primero que mete en la maleta Federico son sus pantalones de gala. Después la camisa blanca con bordados, los zapatos nuevos, cuatro pares de calcetines por estrenar. Despacio, aprovechando todos los rincones. La maleta de su viaje de novios. Le produce un no sé qué.
Se mete en casa de Bartolomé a curiosear.
Bartolomé hace su maleta. Javi y un mozalbete muy extraño beben whisky.
- ¡Hola, Federico! No conoce a éste, es Edu... dice que toca en un grupo.
- Mucho gusto.
- Igual. ¿No quieres whisky? Lo he traído porque sé que a Javi le va mucho, ¿sabes?
- Sí, sé. No quiero, gracias.
Federico se sienta.
- Ya me ha dicho que os largáis a España. Eso está bien, ¿sabes? No te puedes imaginar la de grupos potentes que corren por ahí. Y aquí con tanto niñato es que no se puede hacer nada. Ya verás, ¿sabes? nosotros también iremos a España, a un concurso, tío, a por todas, ¿cuánto te apuestas a que quedamos clasificados?
- Nada.
- ¿Tienes pensado dónde nos instalaremos?
- En mi casa, que por algo la pago.
- ¿Es tuya?
- Sí, sí, es importante tener una casa donde caer muerto sin que nadie te diga nada.
Federico piensa en su cama, el armario y la maleta.
Las manecillas del reloj sobrepasan las cinco. Federico vuelve a cambiar de postura. Media hora más tarde decide levantarse a por un vaso de leche bien caliente. Se oye el canto de algún gallo suelto. Y unas pocas gotas de lluvia. Refresca. “Mañana estaré impresentable.” En la mesa del comedor reposan la última botella de vino, un mendrugo de pan y restos de longaniza. Acaba con todo. Y regresa a la cocina a por más leche.
- Tú no has estado en España, ¿verdad, Federico?
- Verdad.
- Entonces no tiene sentido que te diga que está muy cambiada.
Tampoco hubiera servido de mucho que alguien se lo hubiera dicho a Bartolomé tres años antes. Fue demasiado duro el regreso en aquella ocasión. “Pero en tres años ya no puede cambiar tanto, imposible.” El recorrido en avión es largo, muy largo. “¿Vendrán a recibir a Javi al aeropuerto?” Disimuladamente se palpa la cara y nota sus arrugas. Mira a Federico, mira a su sobrino, ve su bigote y regresa al de Federico. Son bien distintos. “¿Qué edad tiene Javi...? Tampoco hace buena cara, que digamos, ¿será la responsabilidad? “Se ha portado bien con nosotros. Y es un muchacho razonable en el fondo, ¿qué íbamos a hacer en las Américas Norteñas? ¿Le vendrán a recibir? ¿Cómo nos tratarán a nosotros?” Bartolomé está un poco amedrentado. Se trata de un viaje largo, y él es demasiado viejo. Un viaje tan largo...
- Federico, ¿estás de humor para jugar a las cartas? Federico, ¿duermes?
- Casi, son tantas horas de viaje...
- Sí.
- Baraja tú.
- ¿Puedo yo también?
Venezulela está quedando atrás y Federico no sabe si creerlo.
Historia de un cantante - III
Historia de un cantante que quiso triunfar en Las Américas.
III
- Se trata de un proyecto de investigación. Recibieron mis credenciales, ¿cierto?
- Aquí no ha llegado todavía mucha música pop española más allá de los cuatro famosos. No crean, se está trabajando en el tema. Nuestros clientes adoran todo lo que viene de España, es muy probable que en un período corto de tiempo consigamos desarrollar un mercado respetable. De momento, debemos ser sumamente precavidos, son muchos millones los que están en juego.
- Precisamente investigamos sobre eso, las interconexiones, el desarrollo de nuevas experiencias sensoriales para el tiempo presente, con unos planteamientos estéticos al servicio de cierta asepsia y distanciamiento, escaparates del diseño en su acepción creativista... Hay una desorientación inicial al respecto que proviene de la duplicidad, próxima como atenuante a la confusión, en el sentido contrario, que no benefician a la claridad y al gancho que son sinónimos de calidad, de música bien hecha. Pocas veces se dan con la sencillez más sorprendente unos sofocantes bruscos cambios de estilo que carecen de originalidad, pero que demuestran su eficacia continuada. La maestría en la interpretación comienza en su destrucción y en su ejecución, y en eso estamos. - Javi se acaricia la corbata.
- En todo caso debería adjuntarnos otro tipo de referencias, comprenda que no podemos abrir nuestras puertas así como así. El altruismo no...
- Precisamente - Javi cierra el pico. Olfatea a sus compañeros. Federico huele a carajillo. “¿Dónde voy con éste par?” Echa un vistazo a los ventanales. “Bonito paisaje... Concéntrate en el asunto.” - ¿Le importa si aplazamos unos días la entrevista?
- Desde luego, entiéndalo, tenemos que asesorarnos plenamente, disponemos de unos equipos muy caros, estas cosas se estropean con suma facilidad y hemos de traer técnicos que vienen de muy lejos, hasta del Japón, para arreglarlas. Sólo eso que ve allí ya vale...
- Conozco el tema, ¿no me ha dicho que recibió la carta de mi discográfica en España? Adiós, buenas tardes.
Bartolomé está deshecho. “No somos más que unos pobres desgraciados y él hace lo que puede por nosotros.”
- Si aquí nos tratan de este modo, ¿qué será en el Norte...?
- Nada, anímate, tu sobrino solucionará estos problemillas, ¿verdad que sí? - “Además, para qué necesito mandangas... Estoy aprendiendo a cantar, cuando adquiera toda la potencia... Paciencia, un ratito cada día, perseverancia. Este muchacho nos llevará lejos.” - ¿Acaso no eres importante en tu tierra?
- Me voy a España.
- ¿Tienes concierto? Tú, con el éxito a tus pies y preocupado aquí con nuestros temas.
- No, voy precisamente a arreglar este asunto. Y la próxima vez vendré aquí solo.
Matilde ha hecho lo indecible por memorizar las letras de las canciones. “Estremécete... Todas de golpe, esto es muy difícil.” Se ciñe con fuerza la chaqueta al cuerpo. Los sujetadores le aprietan, trata de respirar con cautela.
- ¿Estás preparada?
- Creo que sí.
Descubrir su propia voz es una experiencia... ¿cómo lo diríamos? Y más intuyendo lo que le espera. Pronto llegará un vídeo-clip.
- ¿Qué tal lo he hecho?
- Concéntrate, Matilde. Deja en paz las medias, coño, ¿no te asas?
- ¿Podemos repetirlo?
Sumida en la inocencia de su propia voz. Oyéndose. Sintiendo como el eco rebota y va a parar a sus orejas. Estimulándose un poquito más a cada momento. Notando la fragancia y calidez que por primera vez desprenden sus labios cerrándose y abriéndose en una cadencia suave y rítmica que la envuelve. Sintiendo que su voz es algo más que un instante de amor, que un tronar, que un Dios, que su salvación, que la huella que marcara en ella... Mirando ahora arriba, ahora abajo, ahora al fondo, cuando una puerta se abre y aparece Javi, tostado, muy tostadito.
No sólo Matilde le observa con una profundidad que traspasa mares, y océanos, mientras su voz ha adquirido un brillo especial. Los demás también.
- ¿Qué mosca te ha picado? ¿A estas alturas la palma tu pariente?
- ¿Vienes de un entierro o de las Bahamas?
La sonrisa de Javi, peculiar a su modo, se abre paso directa hacia Matilde.
- Cariño, estoy deslumbrado... no puedo con mis ojos.
Matilde Esmero asume su papel, sigue cantando, está aprendiendo lo que son tablas.
- Silencio, luego os lo explico.
La miran todos, siguiendo el ejemplo de Javi. ¿Llevarían puesta alguna venda?
- Whisky sin hielo.
- ¿Y qué haces por aquí?
Javi se ha llevado a su antigua novia a un pub poco frecuentado por conocidos. Su brazo descansa acechado los hombros de la chica.
- Tenía ganas de verte. ¿No me dices nada?
“ ¿Qué quieres que te diga, imbécil de mier...?” - Tienes muy buen color.
- Sí, nos hemos trasladado a un balneario. Aprovecho los ratos muertos en el solarium, ¡uf! te achicharras... ¿estoy guapo?
- Menos que otros que yo sé.
- ¿O sea que no pierdes el tiempo?
Matilde carece de temperamento a la hora de la verdad. Va a estallar. - ¿Y tú qué? ¿Eh, tío? ¿A qué te has dedicado? ¿Me llevaste contigo? ¿Me llamaste para despedirte? ¡Claro que sí, no sé cuándo! ¿Me has escrito al menos alguna carta? ¿Te importo para algo? ¿Eh? ¿Te importo?
Javi intenta estrecharla entre sus brazos.
- Pero claro que sí, cariño, pero mujer...
- ¡Vete al carajo! ¡No, ven conmigo, he de darte algo que es tuyo!¡Para que te lo tragues!
“¿Qué querrá ahora?” Javi espera en el portal de la muchacha.
- Ten, y largo.
- ¿Qué es esto?
- ¿Y yo qué voy a saber?
- ¿Un sobre...?
- Pero no hace falta que me lo expliques. Vete a Oviedo, o a Madrid, o a las Bahamas. Pero largo.
Javi se queda con unos antiguos papeles en sus manos, en medio de la calle.
Matilde sube las escaleras a oscuras. Con unas terribles ganas de que alguien le vaya detrás. Tarda un rato en cerrar definitivamente la puerta.
Javi pasea por la calle hasta perderse en un bar. Por una vez el espectáculo mimético de decenas de vasos arrimándose a decenas de bocas le aburre. Saca la carta del bolsillo. “Pierdo la noción del tiempo... ¡con lo guapa que está mi novia!
- ¿Me pasas con Tito? Soy Javi, Javi Piedr.
- Un momento.
- ¿Cómo van tus asuntos?
- ¿Nos vemos mañana? Tito, has de inventar alguna historia, esos imbéciles no me dejan grabar, lo que sea, lo que se te ocurra, tú mismo.
- Lo que quieras, chato. Ya me contarás...
- Sí, mañana estoy en Madrid y hablamos.
- Por cierto, vaya con tu novia, la cantante.
- Se le subieron los humos antes de tiempo.
- ¿Te parece una campaña de promoción de cara a encontrar los mejores enlaces de discográficas hispanoamericanas...?
Bartolomé va a buscar a su sobrino al aeropuerto.
- Qué, ¿cómo te fue? ¿tuviste éxito con la actuación?
Javi está cansado. Los ojos de su tío esperan impacientes una respuesta, una explicación, algo que le aproxime a esa experiencia fantástica de la que el chico es el único portador.
- Pero si no tuvimos ninguna actuación, ya os lo dije, fui a solucionar el asunto de la discográfica. ¿Ha avanzado Federico?
Bartolomé carece de oído crítico. Se lo piensa un poco antes de contestar.
- ¿Verdad que le dijiste que ejercitara con las vocales? Yo creo que aguanta mucho.
- Vale, vale, bien.
- ¿Lo ha entendido?
El señor dobla el papel, pensativo.
Javi cruza las piernas, recuesta el brazo en el respaldo del sillón, apoya la barbilla en los dedos y se reafirma en su traje nuevo, ya tocaba, un traje de temporada. De lino. Blanco. Cruzado. Y con bolsillos amplios. - Si a usted no le interesa, estoy convencido de que otras casas se prestarán a colaborar en algo que tanto prestigio puede acarrearles.
Abstraído en sus propias cuentas, el señor responde.
- Sí, desde luego.
- Entonces, ¿lo dejamos? Lamento que no hayamos llegado a un entendimiento.
- No, por favor, siéntese, ¿una copa, tal vez?
- ¿Coñac?
La conversación se desarrolla ahora en tono conciliatorio.
- Me acompañarán un par de individuos, exponentes del acerbo popular. Con experiencia demostrada. Necesitaremos un buen técnico.
- Estamos a su servicio.
- Pues entonces hasta el lunes.
Al salir del edificio un muchacho le agarra del brazo.
- Tío, te conozco... ¡Tú eres Javi Piedr! ¿Sabes?
“ ¿De dónde sale éste?” - Piedr.
- ¡Es fabuloso! Tengo todos tus discos, ¿Sabes? ¿Qué haces aquí, estáis de gira?
- Qué más quisiera.
- Y yo, tío, ¿sabes? ¿Has venido tú solo?
- Sí, asuntos familiares.
- No veas, ¿tienes familia aquí? Yo la tengo en España, un hermano, ¿sabes? Tío, esto hemos de celebrarlo, vente conmigo...
- ¿Me invitas a un whisky?
- ¡A los que quieras! Yo tengo un grupo, ¿sabes, tío? Mierda, me acaban de rechazar la maqueta. Has de oír nuestras temas...
- ¿Ah, sí? ¿Qué tal andáis de grupos por aquí?
- Muy flojillos. Hay mucho niñato, ¿sabes?
- ¿Y vosotros?
- Nosotros reventamos los equipos, ¿sabes? Auténticos, tío, somos auténticos.
Llega a casa con una botella de whisky bajo el brazo. Reparte copas a sus compañeros.
- Creo que bebes mucho.
- ¡Si es un brindis! ¡Hemos de celebrar nuestra victoria, querido tío!
- ¡Lo que no pueda tu sobrino...!
Federico y Bartolomé marchan contentos a sus respectivas camas después de haber bebido unas copitas. Javi sigue brindando. “Por ti, cariño, estabas muy guapa”. En sueños ve a Matilde subida a los caballitos de una feria. Despierta cuando la copa escapa de sus manos.
A Federico le está costando dormir, algo hay que le intranquiliza. Será la emoción, después de tanto tiempo va a cantar. grabarán su voz. Suda, las sábanas le molestan, ¿será que tiene miedo? El bigote le pica, le cuesta dormir.
Javi empieza a manejar los más variopintos sonidos en un ordenador. Federico y Bartolomé están sumamente sorprendidos por la sofisticación que ha alcanzado la técnica.
- ¿Y vamos a cantar si orquesta?
- ¿Sin instrumentos?
- Son éstos los instrumentos.
- Cómo cambian los tiempos, la música, cuesta creerlo.
- Pero Federico, la esencia permanece. Veamos, ¿qué es para ti la música, Javi?
Javi observa el modelo de sampler con entusiasmo. Se hace un lío con los cables.
- Ahora vuelvo, necesitamos al técnico.
Regresa, da unas cuantas vueltas, contesta.
- El arte de combinar ritmo, armonía y melodía. O mejor, el arte de combinar sonidos. - Mira a sus compañeros - La expresión de la vida, el amor, el misterio, la muerte, el odio, la rabia, la ira...
- Vida, amor, misterio, muerte, odio, rabia, ira... qué bien lo has dicho.
Javi nunca se había preocupado por componer. Unos arreglos alrededor de “Asturias”... Y va jugando. Se las apaña como puede.
Pasa el tiempo. Sus compañeros esperan pacientes a que aparezca “Asturias” por algún lado. Los de la discográfica insisten con preguntas para las que Javi no tiene respuestas concretas.
Se ha dado cuenta. Se enfrenta al reto de su vida.
Querida Matilde:
Te enfadaste como una criatura porque no te llevé conmigo a este hospital. Ahora sí puedo ofrecerte algo, ¿querrías venir a New York?
¿Qué te parece? Cuando lo tenga todo preparado te lo explicaré mejor, ya verás.
Apreciado Javi:
Perdona que no te haya escrito antes, eso de tener que pasar por tu madre me rebienta un poco. ¡Y estoy tan atareada! La perspectiva de New York me entusiasma. Nosotros a la larga también iremos, porque ya nos han propuesto hacer una versión en ingles para abrir nuevos mercados. Hemos de pasar primero por un par de festivales, y hablan de hacer una gira por México. Se han creado unas expectativas muy interesantes a nuestro alrededor, la crítica nos augura el número 1 en las listas. ¿Sabes lo que es moverte por cualquier lado y que todo el mundo te pregunte por el disco?
Bartolomé empieza a estar preocupado, “el chico anda más escuálido que nunca, ¿qué dirá su madre cuando le vea? Y esa barba...”
- ¿Es que no piensas afeitarte?
- Algún día.
- ¿No tienes ningún concierto en España?
- Están liados con otras cosas.
No se atreve a seguir preguntando, está tan raro. “¿Cuánto hace que no nos deja acompañarle a los estudios? Y Federico con una mala leche que cualquiera le aguanta, que si tu sobrino nos falla, que claro que no hace más que beber, que si tú y tus consejos...”
Querida Matilde:
Te me vas de las manos... ¿cómo dejé que pasara?
¿Pero todavía no me conoces? ¿No sabes que me volveré loco si me abandonas?Todo esto no es más que una horrible confusión. Estoy en Venezulela, componiendo música. De aquí nos iremos a New York. Allí nos veremos algún día, si es que llegamos a coincidir.
- Música contemporánea, creo que la llaman así.
- ¿De verdad? ¿Y cómo suena?
- Un poco rara... la verdad es que he oído poco.
- ¡El tenía que hacer canciones, “Asturias” y cuatro o cinco más! Ya sabía yo que eso de los instrumentos no...
- ¿Quienes somos nosotros para juzgarle? Él es músico, y la música no tiene fronteras. Siempre hemos dicho que sabía lo que hacía.
- Ya lo veo. Quiero hablar con él. Adiós.
Federico entra en la discográfica con los humos muy altos. Encuentra a Javi con los auriculares puestos.
- ¡Hombre, hola! ¡Oiga, oiga esto!
Enojado, Federico se deja poner los cascos. ¿Una manada de elefantes? Música contemporánea...
- ¿Esto es lo que has hecho para mí?
Javi emite un sonido incomprensible.
- ¿Cómo? ¡Quiero oír mis canciones!
- No son exactamente canciones, son un poquito más largas.
- ,Son música contemporánea?
- Electroacústica.
- Vaya, vaya, me superas. ¿Y eso se puede cantar?
- Podemos hacer lo que queramos.
- Déjate de cuentos. Enséñame la música.
De los cascos surge algo.
- Muchacho, estoy haciendo un gran esfuerzo por entenderte. He de pensar. He de pensar... Pero ves al barbero, por Dios, que te arreglen un poco la cara.
- Iremos a New York con un buen producto, ¡tan bueno, que tendremos que vigilar a quién se lo vendemos!
Federico le deja decir. Acaba por asumir los hechos y, sobre todo, la barba de Javi y su aspecto general de dejadez. Federico recuerda al muchacho guapetón que irrumpiera un día en su casa con aquel desparpajo. Ánimo, Bompito.
- Un whisky doble.
Javi está indeciso. Coge papel y boli...
Hola Tito:
te envío una cinta, le faltan las voces. Escúchala. Aquí me encuentro solo. Necesito alguna opinión, no confío en mi criterio.
- Otro, sin hielo.
Querida Matilde:
Los cielos de mi amor se elevan sin ti, condenado a no amarte nunca jamás. Me arde hoy el pecado que ayer cometí.
Hay un lugar entre mis sueños para ti en el que tu alma se viste de hermosura...
Pero la espada rencorosa de mí te alejó. A las puertas de mi infierno escupes rayos inmisericordiosos.
Sólo tú.
Solamente tú y tú, y yo, y tú, y tú, y yo.
Me arrojo a las llamas del futuro.
- Otro whisky.
Dobla con ternura su carta de amor y la guarda. En un futuro compondrá cancioncillas. Hay que recordar ciertos momentos de la vida.
III
- Se trata de un proyecto de investigación. Recibieron mis credenciales, ¿cierto?
- Aquí no ha llegado todavía mucha música pop española más allá de los cuatro famosos. No crean, se está trabajando en el tema. Nuestros clientes adoran todo lo que viene de España, es muy probable que en un período corto de tiempo consigamos desarrollar un mercado respetable. De momento, debemos ser sumamente precavidos, son muchos millones los que están en juego.
- Precisamente investigamos sobre eso, las interconexiones, el desarrollo de nuevas experiencias sensoriales para el tiempo presente, con unos planteamientos estéticos al servicio de cierta asepsia y distanciamiento, escaparates del diseño en su acepción creativista... Hay una desorientación inicial al respecto que proviene de la duplicidad, próxima como atenuante a la confusión, en el sentido contrario, que no benefician a la claridad y al gancho que son sinónimos de calidad, de música bien hecha. Pocas veces se dan con la sencillez más sorprendente unos sofocantes bruscos cambios de estilo que carecen de originalidad, pero que demuestran su eficacia continuada. La maestría en la interpretación comienza en su destrucción y en su ejecución, y en eso estamos. - Javi se acaricia la corbata.
- En todo caso debería adjuntarnos otro tipo de referencias, comprenda que no podemos abrir nuestras puertas así como así. El altruismo no...
- Precisamente - Javi cierra el pico. Olfatea a sus compañeros. Federico huele a carajillo. “¿Dónde voy con éste par?” Echa un vistazo a los ventanales. “Bonito paisaje... Concéntrate en el asunto.” - ¿Le importa si aplazamos unos días la entrevista?
- Desde luego, entiéndalo, tenemos que asesorarnos plenamente, disponemos de unos equipos muy caros, estas cosas se estropean con suma facilidad y hemos de traer técnicos que vienen de muy lejos, hasta del Japón, para arreglarlas. Sólo eso que ve allí ya vale...
- Conozco el tema, ¿no me ha dicho que recibió la carta de mi discográfica en España? Adiós, buenas tardes.
Bartolomé está deshecho. “No somos más que unos pobres desgraciados y él hace lo que puede por nosotros.”
- Si aquí nos tratan de este modo, ¿qué será en el Norte...?
- Nada, anímate, tu sobrino solucionará estos problemillas, ¿verdad que sí? - “Además, para qué necesito mandangas... Estoy aprendiendo a cantar, cuando adquiera toda la potencia... Paciencia, un ratito cada día, perseverancia. Este muchacho nos llevará lejos.” - ¿Acaso no eres importante en tu tierra?
- Me voy a España.
- ¿Tienes concierto? Tú, con el éxito a tus pies y preocupado aquí con nuestros temas.
- No, voy precisamente a arreglar este asunto. Y la próxima vez vendré aquí solo.
Matilde ha hecho lo indecible por memorizar las letras de las canciones. “Estremécete... Todas de golpe, esto es muy difícil.” Se ciñe con fuerza la chaqueta al cuerpo. Los sujetadores le aprietan, trata de respirar con cautela.
- ¿Estás preparada?
- Creo que sí.
Descubrir su propia voz es una experiencia... ¿cómo lo diríamos? Y más intuyendo lo que le espera. Pronto llegará un vídeo-clip.
- ¿Qué tal lo he hecho?
- Concéntrate, Matilde. Deja en paz las medias, coño, ¿no te asas?
- ¿Podemos repetirlo?
Sumida en la inocencia de su propia voz. Oyéndose. Sintiendo como el eco rebota y va a parar a sus orejas. Estimulándose un poquito más a cada momento. Notando la fragancia y calidez que por primera vez desprenden sus labios cerrándose y abriéndose en una cadencia suave y rítmica que la envuelve. Sintiendo que su voz es algo más que un instante de amor, que un tronar, que un Dios, que su salvación, que la huella que marcara en ella... Mirando ahora arriba, ahora abajo, ahora al fondo, cuando una puerta se abre y aparece Javi, tostado, muy tostadito.
No sólo Matilde le observa con una profundidad que traspasa mares, y océanos, mientras su voz ha adquirido un brillo especial. Los demás también.
- ¿Qué mosca te ha picado? ¿A estas alturas la palma tu pariente?
- ¿Vienes de un entierro o de las Bahamas?
La sonrisa de Javi, peculiar a su modo, se abre paso directa hacia Matilde.
- Cariño, estoy deslumbrado... no puedo con mis ojos.
Matilde Esmero asume su papel, sigue cantando, está aprendiendo lo que son tablas.
- Silencio, luego os lo explico.
La miran todos, siguiendo el ejemplo de Javi. ¿Llevarían puesta alguna venda?
- Whisky sin hielo.
- ¿Y qué haces por aquí?
Javi se ha llevado a su antigua novia a un pub poco frecuentado por conocidos. Su brazo descansa acechado los hombros de la chica.
- Tenía ganas de verte. ¿No me dices nada?
“ ¿Qué quieres que te diga, imbécil de mier...?” - Tienes muy buen color.
- Sí, nos hemos trasladado a un balneario. Aprovecho los ratos muertos en el solarium, ¡uf! te achicharras... ¿estoy guapo?
- Menos que otros que yo sé.
- ¿O sea que no pierdes el tiempo?
Matilde carece de temperamento a la hora de la verdad. Va a estallar. - ¿Y tú qué? ¿Eh, tío? ¿A qué te has dedicado? ¿Me llevaste contigo? ¿Me llamaste para despedirte? ¡Claro que sí, no sé cuándo! ¿Me has escrito al menos alguna carta? ¿Te importo para algo? ¿Eh? ¿Te importo?
Javi intenta estrecharla entre sus brazos.
- Pero claro que sí, cariño, pero mujer...
- ¡Vete al carajo! ¡No, ven conmigo, he de darte algo que es tuyo!¡Para que te lo tragues!
“¿Qué querrá ahora?” Javi espera en el portal de la muchacha.
- Ten, y largo.
- ¿Qué es esto?
- ¿Y yo qué voy a saber?
- ¿Un sobre...?
- Pero no hace falta que me lo expliques. Vete a Oviedo, o a Madrid, o a las Bahamas. Pero largo.
Javi se queda con unos antiguos papeles en sus manos, en medio de la calle.
Matilde sube las escaleras a oscuras. Con unas terribles ganas de que alguien le vaya detrás. Tarda un rato en cerrar definitivamente la puerta.
Javi pasea por la calle hasta perderse en un bar. Por una vez el espectáculo mimético de decenas de vasos arrimándose a decenas de bocas le aburre. Saca la carta del bolsillo. “Pierdo la noción del tiempo... ¡con lo guapa que está mi novia!
- ¿Me pasas con Tito? Soy Javi, Javi Piedr.
- Un momento.
- ¿Cómo van tus asuntos?
- ¿Nos vemos mañana? Tito, has de inventar alguna historia, esos imbéciles no me dejan grabar, lo que sea, lo que se te ocurra, tú mismo.
- Lo que quieras, chato. Ya me contarás...
- Sí, mañana estoy en Madrid y hablamos.
- Por cierto, vaya con tu novia, la cantante.
- Se le subieron los humos antes de tiempo.
- ¿Te parece una campaña de promoción de cara a encontrar los mejores enlaces de discográficas hispanoamericanas...?
Bartolomé va a buscar a su sobrino al aeropuerto.
- Qué, ¿cómo te fue? ¿tuviste éxito con la actuación?
Javi está cansado. Los ojos de su tío esperan impacientes una respuesta, una explicación, algo que le aproxime a esa experiencia fantástica de la que el chico es el único portador.
- Pero si no tuvimos ninguna actuación, ya os lo dije, fui a solucionar el asunto de la discográfica. ¿Ha avanzado Federico?
Bartolomé carece de oído crítico. Se lo piensa un poco antes de contestar.
- ¿Verdad que le dijiste que ejercitara con las vocales? Yo creo que aguanta mucho.
- Vale, vale, bien.
- ¿Lo ha entendido?
El señor dobla el papel, pensativo.
Javi cruza las piernas, recuesta el brazo en el respaldo del sillón, apoya la barbilla en los dedos y se reafirma en su traje nuevo, ya tocaba, un traje de temporada. De lino. Blanco. Cruzado. Y con bolsillos amplios. - Si a usted no le interesa, estoy convencido de que otras casas se prestarán a colaborar en algo que tanto prestigio puede acarrearles.
Abstraído en sus propias cuentas, el señor responde.
- Sí, desde luego.
- Entonces, ¿lo dejamos? Lamento que no hayamos llegado a un entendimiento.
- No, por favor, siéntese, ¿una copa, tal vez?
- ¿Coñac?
La conversación se desarrolla ahora en tono conciliatorio.
- Me acompañarán un par de individuos, exponentes del acerbo popular. Con experiencia demostrada. Necesitaremos un buen técnico.
- Estamos a su servicio.
- Pues entonces hasta el lunes.
Al salir del edificio un muchacho le agarra del brazo.
- Tío, te conozco... ¡Tú eres Javi Piedr! ¿Sabes?
“ ¿De dónde sale éste?” - Piedr.
- ¡Es fabuloso! Tengo todos tus discos, ¿Sabes? ¿Qué haces aquí, estáis de gira?
- Qué más quisiera.
- Y yo, tío, ¿sabes? ¿Has venido tú solo?
- Sí, asuntos familiares.
- No veas, ¿tienes familia aquí? Yo la tengo en España, un hermano, ¿sabes? Tío, esto hemos de celebrarlo, vente conmigo...
- ¿Me invitas a un whisky?
- ¡A los que quieras! Yo tengo un grupo, ¿sabes, tío? Mierda, me acaban de rechazar la maqueta. Has de oír nuestras temas...
- ¿Ah, sí? ¿Qué tal andáis de grupos por aquí?
- Muy flojillos. Hay mucho niñato, ¿sabes?
- ¿Y vosotros?
- Nosotros reventamos los equipos, ¿sabes? Auténticos, tío, somos auténticos.
Llega a casa con una botella de whisky bajo el brazo. Reparte copas a sus compañeros.
- Creo que bebes mucho.
- ¡Si es un brindis! ¡Hemos de celebrar nuestra victoria, querido tío!
- ¡Lo que no pueda tu sobrino...!
Federico y Bartolomé marchan contentos a sus respectivas camas después de haber bebido unas copitas. Javi sigue brindando. “Por ti, cariño, estabas muy guapa”. En sueños ve a Matilde subida a los caballitos de una feria. Despierta cuando la copa escapa de sus manos.
A Federico le está costando dormir, algo hay que le intranquiliza. Será la emoción, después de tanto tiempo va a cantar. grabarán su voz. Suda, las sábanas le molestan, ¿será que tiene miedo? El bigote le pica, le cuesta dormir.
Javi empieza a manejar los más variopintos sonidos en un ordenador. Federico y Bartolomé están sumamente sorprendidos por la sofisticación que ha alcanzado la técnica.
- ¿Y vamos a cantar si orquesta?
- ¿Sin instrumentos?
- Son éstos los instrumentos.
- Cómo cambian los tiempos, la música, cuesta creerlo.
- Pero Federico, la esencia permanece. Veamos, ¿qué es para ti la música, Javi?
Javi observa el modelo de sampler con entusiasmo. Se hace un lío con los cables.
- Ahora vuelvo, necesitamos al técnico.
Regresa, da unas cuantas vueltas, contesta.
- El arte de combinar ritmo, armonía y melodía. O mejor, el arte de combinar sonidos. - Mira a sus compañeros - La expresión de la vida, el amor, el misterio, la muerte, el odio, la rabia, la ira...
- Vida, amor, misterio, muerte, odio, rabia, ira... qué bien lo has dicho.
Javi nunca se había preocupado por componer. Unos arreglos alrededor de “Asturias”... Y va jugando. Se las apaña como puede.
Pasa el tiempo. Sus compañeros esperan pacientes a que aparezca “Asturias” por algún lado. Los de la discográfica insisten con preguntas para las que Javi no tiene respuestas concretas.
Se ha dado cuenta. Se enfrenta al reto de su vida.
Querida Matilde:
Te enfadaste como una criatura porque no te llevé conmigo a este hospital. Ahora sí puedo ofrecerte algo, ¿querrías venir a New York?
¿Qué te parece? Cuando lo tenga todo preparado te lo explicaré mejor, ya verás.
Apreciado Javi:
Perdona que no te haya escrito antes, eso de tener que pasar por tu madre me rebienta un poco. ¡Y estoy tan atareada! La perspectiva de New York me entusiasma. Nosotros a la larga también iremos, porque ya nos han propuesto hacer una versión en ingles para abrir nuevos mercados. Hemos de pasar primero por un par de festivales, y hablan de hacer una gira por México. Se han creado unas expectativas muy interesantes a nuestro alrededor, la crítica nos augura el número 1 en las listas. ¿Sabes lo que es moverte por cualquier lado y que todo el mundo te pregunte por el disco?
Bartolomé empieza a estar preocupado, “el chico anda más escuálido que nunca, ¿qué dirá su madre cuando le vea? Y esa barba...”
- ¿Es que no piensas afeitarte?
- Algún día.
- ¿No tienes ningún concierto en España?
- Están liados con otras cosas.
No se atreve a seguir preguntando, está tan raro. “¿Cuánto hace que no nos deja acompañarle a los estudios? Y Federico con una mala leche que cualquiera le aguanta, que si tu sobrino nos falla, que claro que no hace más que beber, que si tú y tus consejos...”
Querida Matilde:
Te me vas de las manos... ¿cómo dejé que pasara?
¿Pero todavía no me conoces? ¿No sabes que me volveré loco si me abandonas?Todo esto no es más que una horrible confusión. Estoy en Venezulela, componiendo música. De aquí nos iremos a New York. Allí nos veremos algún día, si es que llegamos a coincidir.
- Música contemporánea, creo que la llaman así.
- ¿De verdad? ¿Y cómo suena?
- Un poco rara... la verdad es que he oído poco.
- ¡El tenía que hacer canciones, “Asturias” y cuatro o cinco más! Ya sabía yo que eso de los instrumentos no...
- ¿Quienes somos nosotros para juzgarle? Él es músico, y la música no tiene fronteras. Siempre hemos dicho que sabía lo que hacía.
- Ya lo veo. Quiero hablar con él. Adiós.
Federico entra en la discográfica con los humos muy altos. Encuentra a Javi con los auriculares puestos.
- ¡Hombre, hola! ¡Oiga, oiga esto!
Enojado, Federico se deja poner los cascos. ¿Una manada de elefantes? Música contemporánea...
- ¿Esto es lo que has hecho para mí?
Javi emite un sonido incomprensible.
- ¿Cómo? ¡Quiero oír mis canciones!
- No son exactamente canciones, son un poquito más largas.
- ,Son música contemporánea?
- Electroacústica.
- Vaya, vaya, me superas. ¿Y eso se puede cantar?
- Podemos hacer lo que queramos.
- Déjate de cuentos. Enséñame la música.
De los cascos surge algo.
- Muchacho, estoy haciendo un gran esfuerzo por entenderte. He de pensar. He de pensar... Pero ves al barbero, por Dios, que te arreglen un poco la cara.
- Iremos a New York con un buen producto, ¡tan bueno, que tendremos que vigilar a quién se lo vendemos!
Federico le deja decir. Acaba por asumir los hechos y, sobre todo, la barba de Javi y su aspecto general de dejadez. Federico recuerda al muchacho guapetón que irrumpiera un día en su casa con aquel desparpajo. Ánimo, Bompito.
- Un whisky doble.
Javi está indeciso. Coge papel y boli...
Hola Tito:
te envío una cinta, le faltan las voces. Escúchala. Aquí me encuentro solo. Necesito alguna opinión, no confío en mi criterio.
- Otro, sin hielo.
Querida Matilde:
Los cielos de mi amor se elevan sin ti, condenado a no amarte nunca jamás. Me arde hoy el pecado que ayer cometí.
Hay un lugar entre mis sueños para ti en el que tu alma se viste de hermosura...
Pero la espada rencorosa de mí te alejó. A las puertas de mi infierno escupes rayos inmisericordiosos.
Sólo tú.
Solamente tú y tú, y yo, y tú, y tú, y yo.
Me arrojo a las llamas del futuro.
- Otro whisky.
Dobla con ternura su carta de amor y la guarda. En un futuro compondrá cancioncillas. Hay que recordar ciertos momentos de la vida.
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